San Braulio de Zaragoza

San Braulio_de_Zaragoza_e_Isidoro_de_SevillaNació a finales del siglo VI en el seno de una familia hispano-romana. Recibió una formación piadosa y cultural a cargo de su hermano mayor, Juan, a quien llama su maestro en la vida común, en la piedad y en la doctrina; en la escuela del monasterio de Santa Engracia, en la misma Zaragoza, del que debió de ser abad dicho Juan, antes de su promoción al episcopado.

Muestra de esta formación quedará legada en su epistolario, no sólo en todo el ámbito entonces explorado de las ciencias eclesiásticas, sino también en las letras clásicas y aun en la poesía y la música, ya que también Braulio, como su maestro Juan y su discípulo Eugenio, llegará a componer la letra y la melodía de himnos sagrados, que fueron incorporados a la liturgia de la iglesia visigótica.

Pero llegará a su madurez educativa de la mano de San Isidoro de Sevilla.

De regreso a Zaragoza y nombrado arcediano de la misma, y más tarde en el 631 es promovido a la sede episcopal de Zaragoza, de nuevo escribe al arzobispo de Sevilla y recibe de Isidoro, junto con otros códices, los de las Etimologías.

La presencia de ambos en el IV Concilio de Toledo debió de ser el último encuentro de los dos grandes amigos puesto a los tres años falleció San Isidoro.

Ya en el Concilio V de Toledo, parece haber sido nuestro Santo quien dirige las deliberaciones y redacta los cánones, ordenados casi exclusivamente a la elección pacífica y seguridad de los reyes. Pero es, sobre todo, en el concilio siguiente, el VI de Toledo, donde el prestigio del obispo de Zaragoza se impone y resplandece. Sin ser él metropolitano, San Braulio es el comisionado para contestar, en nombre de la asamblea que reunía obispos, como rezan las Actas, de las Españas y de las Galias, a la queja del papa Honorio I contra los obispos españoles, por supuesta negligencia o sobrada lenidad en la defensa de la fe.

Esta queja del Papa, motivada al parecer por una defectuosa información, tal vez por una interpretación inexacta del canon LVII del Concilio IV de Toledo, en el que se censuraban las conversiones de los judíos obtenidas por la coacción, es rechazada por el portavoz de los obispos, con gran decisión y apostólica libertad, a la vez que con respetuosa y filial veneración al Pontífice, e inequívoco reconocimiento del primado de la cátedra romana. Por causas que ignoramos, San Braulio no asistió al Concilio VII de Toledo, que fue presidido por su antiguo discípulo y arcediano, ahora arzobispo de la sede primada, Eugenio, de quien él había hecho un teólogo, un poeta y un santo. Las señaladas posición e influencia preeminentes de San Braulio en la iglesia visigótica española perdurarán ya hasta su muerte. A él acudirán de todas partes y personalidades las más ilustres en busca de consuelo o de consejo y en demanda de soluciones para sus dudas o cuestiones teológicas, escriturarias, canónicas o litúrgicas.