Inicio > SECRETARIADO PARA EL PATRIMONIO CULTURAL > Breve Manual de Conservación Preventiva

Breve Manual de Conservación Preventiva

INTRODUCCION

La Iglesia posee un patrimonio cultural de incalculable valor que conlleva la gran responsabilidad de preservarlo. En esta tarea, elemento clave es la conservación preventiva, que consiste en adoptar los protocolos de mantenimiento y limpieza habitual que prevengan posibles intervenciones restauradoras.

 

SEGURIDAD

Los mayores daños a los bienes muebles de la Iglesia se producen por el deterioro medioambiental, por el descuido y por el hurto. Pero se puede prevenir atendiendo a unas prácticas muy sencillas:

- Controlar el acceso a los inmuebles donde están depositados los bienes muebles. Mantener en buen estado las rejas y evitar obstáculos a la visibilidad.

- Inventariar todos los bienes, incluyendo fotografías. Recomendamos la utilización de la base de datos diseñada por el Obispado, con la asesoría del Secretariado para el Patrimonio Cultural. Sería recomendable revisar el inventario anualmente, siendo preceptivo hacerlo cuando se produzca un cambio de párroco.

- Asignar una persona de confianza al cuidado de los bienes muebles, que supervise su conservación, limpieza, almacenamiento y exposición al público. Requerirá recibir alguna formación específica para esta tarea. El Secretariado para el Patrimonio Cultural se ofrece para impartirla.

 

CONSERVACION

- Los lugares donde se custodian y utilizan objetos para el culto deben limpiarse asiduamente para detectar y evitar la presencia de xilófagos. Debe combatirse la humedad y los cambios de temperatura, que pueden medirse con un termohigrómetro.

- Para la limpieza de suelo, paramentos y muebles no artísticos debe preferirse la aspiradora.

- La limpieza de imágenes, pinturas, libros, u otros objetos delicados debe realizarla un profesional, pero para su conservación y mantenimiento ordinario se deberán tener en cuenta las siguientes indicaciones, según su tipología:

Documentos y libros antiguos

Cuando sea necesario limpiar un documento, se intervendrá con brochas suaves, tanto en la cubierta como en las hojas, partiendo desde el centro de la hoja hacia los costados. Si son muy antiguos o están deteriorados, deben guardarse en carpetas, cajas o cuadernillos de papel o cartulina preferentemente libres de ácido, mejor si se abren lateralmente. No deben colocarse clips o cintas adhesivas, y ningún tipo de pegamento, excepto si lo aconseja un restaurador.

Imaginería y pintura

La limpieza superficial puede hacerse utilizando un plumero o brocha de pelo suave, siempre evitando cualquier tipo de frotamiento o productos de limpieza. Si la capa pictórica presenta desprendimientos, se debe acudir a un restaurador.  Las pinturas se limpiarán tanto por delante como por detrás. En caso de que aparezcan trozos desprendidos, se guardarán identificándolos bien para una futura restauración.

Nunca deben ubicarse junto a una fuente de frio, calor o humedad (por ejemplo, no se debe colocar nunca un cuadro bajo un aparato de aire acondicionado, no solo por el contraste de temperatura, también por el posible goteo). Hay que huir de la luz artificial directa, y sobre todo de la luz solar, que nunca debe incidir directamente sobre la pintura, ni sobre la policromía de las imágenes.

En cuanto a su almacenamiento, las esculturas deben preservarse de pie, cubiertas por un tejido de algodón blanco, alejadas de la luz, de cambios de humedad y temperatura. El mejor destino para los lienzos es un “peine”, una estructura que permite un colgado masivo sobre un bastidor móvil que circula sobre un rail; de no ser posible, el colgado sobre una superficie limpia y seca es suficiente, siempre alejado de fuentes de luz y calor. Tanto en escultura como en pintura, el mayor riesgo a vigilar es el de los xilófagos.

Mobiliario de madera

Los mayores enemigos de la madera son la humedad, los contrastes térmicos y los xilófagos. Algunas prácticas preventivas son: mantener revisiones periódicas que detecten la presencia de hongos y de xilófagos, acudiendo a profesionales para su erradicación; en ambientes muy calurosos y secos, conviene dejar un recipiente con agua cerca de los muebles, pero sin contacto con ellos.

Para la limpieza bastará con un paño limpio y seco, sin ningún tipo de producto. Si están almacenados, lo óptimo es cubrirlos con un tejido de algodón blanco.

Metales

Cada metal tiene características propias y requiere un tratamiento distinto, pero se pueden adoptar medidas básicas: limpieza con paño limpio o brocha suave. Para una limpieza más profunda, deben utilizarse productos que no alteren el metal o desgasten los baños de oro o plata, intentando conservar la pátina del tiempo. El Secretariado para el Patrimonio Cultural se ofrece para aconsejar los productos más adecuados en cada caso. Se debe procurar el mayor cuidado en la conservación de los sellos y contrastes en las piezas de orfebrería, como elementos que permiten la datación y autoría de la pieza. Si los objetos no se usan, deben guardarse en vitrinas o en cajas que dispongan de bolsas de deshumidificadores que absorban la humedad.

Órganos

Por su relación directa con el paramento que lo soporta, es esencial vigilar que el entorno arquitectónico no presente ventanas rotas, agujeros en techo o muros, y procurar que el órgano esté protegido del polvo y posibles daños. Si está en funcionamiento, es necesario afinarlo y revisarlo cada cierto tiempo.

Objetos de piedra y mármol

Aunque la piedra es más resistente al medio ambiente que otros materiales, puede ser dañada por sales contenidas en el agua. Como sucede con los metales, la pátina del tiempo debe mantenerse, de ahí que en los procesos de limpieza deba utilizarse agua destilada tibia y escobilla de cerda natural suave, evitando cualquier elemento metálico. La goma de borrar suave es eficaz con algunas manchas. En caso de suciedad mayor, será necesario la consulta de un experto.

Textiles

En el almacenamiento o exposición de los textiles no puede aparecer ningún tipo de elemento metálico como alfileres, tachuelas, clavos, corchetes o elementos extraños al textil. Extendidos sobre una mesa limpia, si están bien conservados se puede proceder a una limpieza superficial con aspiradora de baja potencia, incorporando un trozo de tela en la boca del tubo. Si está dañado, o con bordados o hilos sueltos, es necesario colocar un tejido encima del textil. Si no se dispone de aspiradora, se puede limpiar con pincel suave desde el centro hacia fuera.

Modo de almacenamiento: preferentemente se guardará extendido, envuelto en un tejido de algodón blanco. Si está firme, puede colgarse en perchas acolchadas cubiertas con tejido de algodón blanco. No deben usarse derivados del petróleo como poliuretano o espuma plástica.  Si se guarda en cajoneras, es necesario mantenerlos libres de polillas o xilófagos. Si no se dispone de cajoneras, se pueden usar fundas de algodón. Nunca deben exponerse al sol o a luz artificial directa.

 

BIBLIOGRAFÍA SOBRE CONSERVACIÓN PREVENTIVA:

-Guía para la elaboración e implantación de Planes de Conservación Preventiva (2019) 

- El concepto de mantenimiento y su encaje en la metodología de conservación preventiva (2018):

  • VI Congreso GEIIC ​​ ¿Y después? Control y mantenimiento del Patrimonio Cultural, una opción sostenible. 
  • 2018, ISBN 9788409051779, págs. 70-75​.

-Manual de seguimiento y análisis de condiciones ambientales (2014)

-Conservación preventiva para todos. Una guía ilustrada, AECID-IPCE (2014)

-Conservación preventiva en lugares de culto (2012)

-Conservación preventiva y Plan de Gestión de Desastres en archivos y bibliotecas (2010)

Descargar el documento en PDF