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Ámbitos de Actuación Bienes Inmuebles

BIENES INMUEBLES

1-      Definición y tipología: Son las propiedades que no pueden trasladarse de un sitio a otro sin que sufran un deterioro. Abarca templos parroquiales, iglesias, ermitas, santuarios, centros parroquiales, locales asociados, fincas…

2-      Conservación y mantenimiento ordinario: Es recomendable, si la situación económica de la parroquia lo permite, establecer con las empresas especializadas acuerdos o contratos referidos al mantenimiento y control programado de tejados, pavimentos, canales de desagüe, extintores, sistemas de climatización, seguridad, eléctrico y de sonido, procedimientos para controlar las plagas de palomas o xilófagos, etc. De este modo, se consigue una mejor conservación del patrimonio y se produce un ahorro a largo plazo. Estas labores precisan solicitar autorización a Vicaría General siempre que se trate de BIC, o si el gasto alcanza los 6.000 euros.

3-      Rehabilitación y Restauración: Para facilitar la labor de los párrocos, preservar los bienes culturales de posibles daños y evitar eventuales problemas legales, toda actuación debe ser aprobada por el Obispado[1] y, en algunos casos, cuando se trata de edificios declarados Bien de Interés Cultural, también por la administración pública. Ver Procedimiento para realizar una intervención en bienes inmuebles

4-      Intervenciones de urgencia: Son aquellas que se producen cuando es necesario atender una contingencia o un daño imprevisto que requiere atención inmediata. Este procedimiento debe ser provisional. Permite proceder con mayor agilidad, pero siempre con actuaciones reversibles. En este caso, el párroco contará siempre con la asistencia del personal técnico del Secretariado para el Patrimonio Cultural, que le ayudará a valorar la situación sobrevenida y a decidir el procedimiento a seguir para solventar el percance.

5-      Reformas de tipo litúrgico: Cuando sea necesario reformar o sustituir los elementos que forman parte del presbiterio de una iglesia, es conveniente realizar un proyecto completo que incluya altar, ambón, sede y tabernáculo, e incluso, a ser posible, baptisterio y confesionario. Para ello, se tendrán en cuenta las indicaciones de la Ordenación General del Misal Romano. El proyecto diseñará los nuevos elementos teniendo en cuenta las características de los ya existentes o, en caso de que sea preciso la sustitución de todos ellos, creará un conjunto armónico, aunque la realización efectiva de las piezas podrá espaciarse en el tiempo. La Comisión de Patrimonio Cultural y Arte Sacro valorará el proyecto, y su parecer será vinculante.

[1] Puede tratarse de intervenciones estructurales, sistema de iluminación, cambios sustanciales de color en la pintura de los edificios, traslado de retablos, altares, etc.