Vida de fe de los mártires cordobeses

Cada uno de los 127 mártires encierra una verdadera hisoria de entrega aceptando todas las consecuencias

Juan Elías Medina fue párroco de Pedro Abad, Moriles y Castro del Río. Murió con treinta y tres años y más de ochenta años después de su muerte, estas poblaciones conservan a memoria de un cura alegre que repartía entre todos lo que tenía. Todavía hoy figura en las calles de estos pueblos placas con su nombre. Fue asesinado a las puertas del cementerio de Castro del Río y su familia tiene constancia de cómo fue invitado a zafarse de la muerte segura desprendiéndose de la sotana. Él no quiso.

Sor María Consuelo González era muy trabajadora, tanto que consiguió reunir en Baena a trescientas niñas en el colegio del Espíritu Santo, donde primero se educaron las niñas huérfanas para abrirse más tarde a la formación de prácticamente todas las niñas de la localidad. Ingresó en la congregación las Hijas del Patrocinio de María con 16 años donde destacó pronto por su atención desprendida a los pobres, su fe inquebrantable y la dedicación al rezo. Durante la Guerra Civil, las hermanas son conducidas al convento de San Francisco. Sor María Consuelo queda presa y fue escudo humano. Una ráfaga de metralleta acabó con su vida.

Padre Antonio Cabrera fue un sacerdote querido por todos. Un párroco joven de Pedroche que suscitaba el entusiasmo de los niños cuando impartía catequesis. Todavía los más mayores tienen el recuerdo de él. A través de su fe muchas personas llegaron a la Iglesia. Su declaración como mártir ha provocado en su familia un profundo sentimiento de orgullo y “de justicia”. Ahora ellos quieren olvidar las trágicas circunstancias de su muerte para mirar al cielo y comprender que el perdón es el único camino.

COMPARTIR EN REDES SOCIALES