Victoria de la piedad popular

El Viacrucis de la JMJ por el paseo de la Castellana es algo espectacular.

Los organizadores han tenido la feliz ocurrencia de representar en Madrid, delante del Papa y de millones de jóvenes del mundo, presentes o por TV, un resumen de la Semana Santa española. En ninguna parte del mundo se celebra la Semana Santa como se celebra en España. Desde el viernes de Dolores hasta el domingo de Pascua, desfilan por nuestras calles miles y miles de personas, sobre todo jóvenes, portando sus imágenes y estandartes. Es la expresión más profunda de un pueblo creyente, que comparte la pasión de Cristo para participar de la alegría de su resurrección.

No han podido con ello. Hemos vivido en la Iglesia una racha de iconoclastia (supresión de las imágenes), con el pretexto de que desvían al creyente de lo fundamental de la fe y del compromiso social. Otros quisieran reducir hoy el hecho religioso a lo meramente privado, suprimiendo así toda manifestación pública de esa fe. El laicismo más radical arremete furiosamente contra todo esto, por considerarlo un fanatismo y una imposición intolerable. Ni unos ni otros han podido suprimir la piedad popular que forma parte de la entraña de nuestro pueblo. La quema de imágenes del emperador iconoclasta León el Isaúrico (727) se ha repetido a lo largo de la historia en muchos lugares, arruinando muchas veces el rico patrimonio cultural.

El viacrucis de la Castellana en la JMJ es una victoria del culto a las imágenes, prohibido en las demás religiones monoteístas y secundado por los que prefieren una fe desencarnada. En el cristianismo ha sucedido algo fundamental y totalmente nuevo para la historia de la humanidad: El Verbo de Dios se ha hecho hombre, el que no puede ser representado en imágenes ha tomado forma humana, ha tomado nuestra carne y en ella ha manifestado su gloria. Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Y desde entonces, Dios y sus misterios tienen rostro humano, el rostro que los artistas han sabido representar. El culto tributado a las imágenes se dirige al prototipo que representan. La piedad popular cristiana, que rinde culto a las imágenes, es la respuesta agradecida a un Dios que se ha acercado hasta nosotros, haciéndose uno de los nuestros. El viacrucis de la JMJ representa los misterios de nuestra fe cristiana, y lo hace a la española, mostrando nuestro más rico patrimonio cultural. Seguro que los jóvenes del mundo entero quedarán impresionados de cómo se vive la Semana Santa en España. Y la JMJ ha servido para promocionarla.