“Una experiencia profunda del Espíritu Santo”

La Renovación Carismática Católica es una corriente que nace de la experiencia de Pentecostés cuando los apóstoles salen a anunciar el evangelio a todo el mundo. Se funda en 1967 de la mano de Pablo VI. Eduardo Toraño, asesor nacional de la Renovación Carismática explica en qué consiste.

¿Qué es la Renovación Carismática Católica?

La Renovación Carismática Católica es una experiencia profunda del Espíritu Santo, es una renovación de la experiencia que tuvieron los apóstoles en Pentecostés donde experimentaron una transformación total de su vida donde pasaron de estar atemorizados y encerrados en el cenáculo, a salir a anunciar el evangelio a todo el mundo. Es por tanto, una experiencia transformadora que toca toda la vida. Que toca el corazón, toca la mente, toca todas las fuerzas. Es la experiencia más grande que uno puede tener cuando es transformado por el espíritu. Dice un teólogo dominico que es la transfiguración de uno mismo, de todo el ser incluso del cuerpo.

Pablo VI en el año 75 cuando recibió a los dirigentes de la Renovación Carismática la definió con unas notas características: una oración profunda, tanto personal como comunitaria, una invocación al Espíritu permanente, una oración de alabanza y una vida en alabanza incesante. Todo ello en servicio a la Iglesia.

 

¿Quién puede formar parte?

Es una corriente de gracia en la Iglesia, no es propiamente un movimiento eclesial y entonces, toda persona creyente o no creyente puede participar de esta experiencia que supone el abrirse totalmente a la acción de Dios. Lo fundamental de la Renovación Carismática es la efusión del Espíritu, ese momento en el que la persona se abre a la acción de Dios y se deja tocar por el Espíritu y el Espíritu le abre el corazón y le abre toda la vida.

La Renovación Carismática tiene la experiencia de los seminarios de vida en el espíritu que son siete semanas en las que se va siguiendo un recorrido catequético desde el amor de Dios, pasando por el pecado, cómo Cristo nos restaura y nos libra del pecado, y tiene como culminación la efusión del Espíritu. Aquí es donde se pide que el Espíritu descienda y hay unas personas con un recorrido y una experiencia y que tienen un discernimiento especial y que van pidiendo al Señor, orando al Señor para que las personas reciban el Espíritu Santo como en un nuevo Pentecostés. Y ciertamente se da ese momento de transformación que luego se ha de concretar en cada día.

 

¿Cómo se organiza la Renovación Carismática?

Está formada por los grupos de oración que son abiertos, no hay que pagar ninguna cuota ni hacerse socio. Tienen como elementos esenciales: la alabaza que no es simplemente cantar cánticos que se cantan, sino que es conectar con la presencia de Dios que habita en lo más profundo del corazón. Es como una expresión de una vida en alabanza. También la adoración que es ese reconocimiento de Dios como nuestro creador y junto con la alabanza y la adoración, también hay formación. Llamamos enseñanzas a los momentos de formación para ir creciendo en la vida de fe. Y también un momento importante son los testimonios de fe donde cada uno cuenta las experiencias de vida que ha tenido durante la semana, peticiones, acciones de gracia, y se tiene un momento intenso de oración comunitaria.

 

En tu experiencia personal ¿Cómo conociste la Renovación Carismática?

La conocí en 2004. Tuve mi primera experiencia en la renovación después de un momento difícil, ya llevaba siete años de sacerdote y estaba en un momento duro personalmente y entonces me invitaron a una vigilia de Pentecostés. Fui allí y ciertamente sentí cómo el Señor me daba paz y me liberaba, no tenía que estar como encasillado. En ese momento tenía un destino, estaba en el Seminario de formador y tenía varios destinos más burocráticos de Curia. Entonces sentía como que mi corazón necesitaba esponjarse. A partir de esa experiencia luego fui a una Asamblea Nacional de la Renovación y notaba cómo el corazón se me iba esponjando y que también el Señor me iba tocando.

El momento cumbre o uno de los momentos más importantes en los que experimenté el paso de Dios fuerte, fue en una Semana Santa con jóvenes en el año 2006, a la que fui por ayudar y al llegar allí en una oración, con una canción que decía “lo más valioso a ti quiero entregártelo Señor”, sentía que el Señor me pedía que le entregara eso que era más valioso, que era una atadura afectiva que yo tenía en mi corazón. Entonces el Señor fue como sacándolo de mí, el Señor fue desatándolo de mí, llené dos pañuelos de tela de lágrimas y ahí fue como el Señor me dejó totalmente pacificado. Luego, en la vida hay que seguir luchando pero ciertamente, ese paso de Dios fue para mí muy importante. Y ahora le doy gracias y sigo mi vida entregada en mi Diócesis a lo que el Obispo me encomienda. También me ha encomendado el acompañar a la Renovación en la diócesis de Madrid y posteriormente, la CEE me nombró asesor nacional.

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