Un año de la beatificación del Padre Cristóbal

El día 7 de abril celebramos un año de la primera beatificación de la historia de la Iglesia cordobesa, la del Padre Cristóbal de Santa Catalina.

Cardenal Amato

Hace justamente un año del día en que la Catedral de Córdoba se abarrotó de fieles –más de 5.000- para asistir a una ceremonia nunca antes realizada en Córdoba, la beatificación del Padre Cristóbal de Santa Catalina, fundador de la Orden Hospitalaria de Jesús Nazareno.

En representación del Papa Francisco, estuvo el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, quien en su homilía recordó la santidad del Beato Cristóbal vivida en nuestra ciudad, definiéndolo como un “hombre de grande fe y de profunda caridad”.

Incluso, en este día, en el que también estuvo presente el Obispo de Córdoba y más de un centenar de sacerdotes, se llevó a cabo una procesión con la imagen de Jesús Nazareno precedida por las reliquias del Padre Cristóbal por las calles de la ciudad.

Historia

El ya beato nació en Mérida (Badajoz) el 25 de julio, en una familia cristiana y pobre. En marzo de 1663 es ordenado sacerdote en Badajoz y, cuatro años más tarde, llega al eremitorio de El Bañuelo (en la zona de la Sierra) en Córdoba donde comienza a vivir con toda radicalidad en oración, silencio y penitencia.

Allí buscó una vida entregada a la oración, y en Córdoba acabó siendo un hombre de santidad para todos, al servicio siempre de los desvalidos y los más necesitados.

En 1670, profesa en la Orden Tercera de San Francisco de Asís y toma el sobrenombre de Santa Catalina. En 1673, a la vista de tanto sufrimiento, el padre Cristóbal toma una determinación radical para su vida: "Serviré a Dios sustentando pobres". Y lo hace en una pequeña ermita de la cofradía de Jesús Nazareno, comenzando así la Hospitalidad Franciscana de Jesús Nazareno.

Su obra más importante fue la fundación el 11 de febrero de 1673 de dos congregaciones franciscanas, denominadas Hermanos y Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno; aunque la congregación masculina ya no existe.

El padre Cristóbal murió el 24 de julio de 1690 y sus restos reposan en la iglesia de Jesús Nazareno. Fue en diciembre de hace dos años cuando culminó un largo proceso de beatificación, que dio comienzo en 1773, con la firma del decreto pontificio que aprobaba el milagro requerido para una beatificación.