Un altar en el sepulcro de los mártires (Liturgia y mártires – VIII)

El sacerdote Javier Sánchez Martínez ofrece un nuevo artículo para vivir más intensamente la liturgia

Javier Sánchez Martínez

Hacer memoria de un mártir es inseparable de la memoria del primer mártir, el Testigo fiel y Primogénito de entre los muertos, cuya pasión, muerte y resurrección están presentes en el sacramento eucarístico. Esto se visibilizó en la unión que hizo la liturgia entre las reliquias del mártir y el altar para la Eucaristía.

Tertuliano escribió que “Cristo está en el mártir” (De Pudicitia 22,6), de ahí que fuera fácil relacionar el mártir con el altar y construirlo en las tumbas de los mártires, y en ese altar celebrar anualmente la Eucaristía en el dies natalis.

Pronto, pues, hacia el siglo III, nació la costumbre de asociar al altar las reliquias de los mártires. Es plasmar incluso en la arquitectura litúrgica el principio teológico del Cristo total (Cabeza y miembros); si el altar representa a Cristo, Cristo no puede estar completo sin sus miembros, y entre ellos, los miembros más gloriosos son los mártires.

Los mártires completaron el sacrificio del Señor en su carne (cf. Col 1,24), por ello las sepulturas de los mártires pasaron a considerarse como el soporte más idóneo para la mesa del sacrificio eucarístico. San Ambrosio lo explica: “Las víctimas triunfantes sean puestas en el lugar en que Cristo es la víctima. Pero Cristo, que sufrió la pasión por todos, sea colocado sobre el altar. Los mártires que han sido redimidos por la pasión de Cristo, bajo el altar” (Ep. 22,13).

Proliferaron basílicas e iglesias nuevas a partir de la paz constantiniana y la libertad de culto (año 313).

Todo comenzó así: la sepultura del mártir está protegida primero por un oratorio de dimensiones restringidas, que se comienza por agrandar en tanto lo permita la condición del suelo; cuando se queda pequeña, se construye, al lado del monumento primitivo y comunicando con él, una basílica más considerable, evitando tocar la tumba. Si esto no era posible, se edificaba en un terreno bien elegido una nueva basílica y allí se trasladaban solemnemente las reliquias. Querían estas basílicas espléndidas: “Las tumbas de los servidores del Crucificado, son más brillantes que los palacios de los reyes, no solamente por la grandeza y la belleza de la construcción, y bien que las superan en esto, sino, y esto vale más, por el entusiasmo de aquellos que las frecuentan” (S. Juan Crisóstomo, In ep. II ad Cor., hom. XXVI, 5).

SABÍAS QUE...

¿Sabías que no se deben celebrar dos veces bautizos en el mismo día y lugar?

El ritual del Bautismo de Niños, n. 42, para favorecer las celebraciones comunitarias del bautismo afirma: “Todos los niños nacidos recientemente serán bautizados, a ser posible en común en el mismo día. Y, si no es por justa causa, nunca se celebre dos veces el sacramento en el mismo día y en la misma iglesia”.

 

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