Tríptico de Pascua

Por Pablo Lora Blasco, párroco de Almedinilla y Aldeas

En la mañana de Pascua, el Papa Francisco al inicio de la Eucaristía, abre un icono al canto del Aleluya Pascual  y de la Antífona de Entrada. Un bello tríptico donde aparece en su imagen central Cristo Vivo y Resucitado que bendice a la humanidad. En sus puertas derecha e izquierda aparecen distintas imágenes de la celebración de estos días, su última Cena, Pasión, Muerte y Sepultura. Pero, en el centro y presidiendo, Cristo Vivo y de Corazón palpitante sentado en la Gloria del Padre.

Pero fijémonos bien en el tríptico o triduo que nosotros también estamos llamados a abrir y componer en nuestros corazones en estos días. Podríamos llamarlo “Amor hasta el extremo”. En sus hojas como puertas nos encontramos muestras de amor extremo de Jesús hacia los hombres… fijémonos bien en la primera de ellas.

Jueves de amor fraterno, Jueves de Eucaristía, Jueves de “yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”, Jueves sacerdotal.

El Amor del Señor por la humanidad es tal que no quiere abandonarnos, no quiere dejarnos y quiere como testamento dejarnos sus últimas recomendaciones, ¡amaos como yo os he amado! Pero sabiendo y conociendo nuestro ser barro, es consciente de nuestras flaquezas y quiere que sepamos reparar con su fuerza nuestras heridas, quiere poder robustecernos con Él mismo en nuestras luchas, se queda en la Eucaristía, signo de pobreza humildad pero a la vez de que su amor llega a tal extremo que no quiere reservarse solo para algunos, sino que en cada sagrario de cada aldea recóndita del planeta, allí donde se reúnan a celebrar su victoria sobre la Muerte, quiere estar presente.  La Palabra que creó todo desde el seno del Padre, quiere ser compañero de camino, quiere seguir pastoreando el rebaño encomendado. Se nos regala,  quiere seguir viviendo encarnado en otros cristos y se nos da en los sacerdotes, débiles y pecadores, pero con la misión de ser pastores con el Corazón de Cristo, Buen Pastor.

Pero miremos la otra hoja de este tríptico que estamos componiendo en nuestro corazón, de esta imagen de Amor hasta el extremo. Nos encontramos con los signos de la Pasión del Señor, dura cruel e irracional, ¡cuántas veces nuestro amor humano es así! Pues el de Cristo no se aleja del nuestro, sino que se eleva hasta la más alta potencia, lo diviniza. Se ofrece, se entrega y se cumple su misión: ser luz en las tinieblas, unir al hombre con Dios en sí mismo, mostrarnos la intimidad abierta de nuestro Dios en su corazón traspasado, del que brotan los sacramentos de la Iglesia como fruto de continuidad del poder sanador de Cristo en este mundo.

Mira al fruto bendito de María como se rompe en el árbol de la Cruz para que tú des fruto y fruto en abundancia, fruto de santidad y virtudes. ¡Enamórate del crucificado! Es nuestra bandera, nuestro mayor orgullo. Dios muere porque me ama, para salvarme y hacerme de nuevo en Él. Abrázalo con María y guárdalo en lo más profundo de tu corazón.

Y de la mano de María, primera testigo de la resurrección, nos disponemos a vivir y alegrarnos de la parte central de este triduo-tríptico. Cristo, vida nuestra ha resucitado. Para vivir la vida de la resurrección fuimos bautizados y para comunicarla a los hermanos, “Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán”, ¿dónde están las Galileas del Siglo XXI en nuestra tierra? Galilea es el lugar del encuentro con el  Señor y está en cada parroquia, en cada sacramento, en la cabecera del enfermo, en los que tienen necesidad de cuerpo y espíritu, en los faltos de libertad, en los que no viven en la Verdad, en ese corazón seco u oscuro que no han recibido la luz y el agua de la Pascua del paso del Señor en sus vidas.

Vive la Pascua, deja que Cristo pase estos días por tu vida y la transforme con su Amor, su muerte al pecado y su Resurrección. Cristo Vive por ti para que tu tengas vida en Él.