Traspasado y muerto en la cruz

El sacerdote Antonio Llamas nos ofrece una meditación sobre el Viernes Santo en el que celebramos la Pasión y muerte de Nuestro Señor.

_MG_4194La tarde de este día conmemoramos la muerte del Redentor. La Iglesia instruye a sus fieles sobre el hecho de la ofrenda de Jesús que derrotó a la muerte y al pecado y dio inicio a la nueva creación. El Señor había anunciado en diversos momentos que debía morir por la redención del pueblo y de la humanidad. Horas antes, en el Cenáculo, de manera profética, anunciaba como la entrega de su cuerpo y de su sangre iban a sellar la Nueva Alianza. El Señor se somete al desprecio, a la calumnia, es torturado y despreciado. Es el auténtico Siervo del Señor, como dijo el profeta: Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaron los rostros, despreciado y desestimado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes (Is 53, 3-5).

Jesús asume, en su dolor, los dolores y angustias de la humanidad, causados por el mal del mundo, con su secuela de muerte. Ante los ojos de muchos, incluso hoy en día, el Maestro fue un fracasado. Tenía poder para curar, para enseñar, para perdonar pecados y terminó siendo despreciado y humillado. Pareciera que todo lo que había dicho y realizado no tenía ningún sentido. Sin embargo, Jesús, siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer y se convirtió en autor de salvación eterna (Hb 5, 8-9).

San Juan menciona a lo largo del relato de la Pasión (Jn 18, 1-19, 42), cómo todos los acontecimientos y hechos antiguos se manifiestan en Cristo, mediante el verbo cumplir (Jn 18, 9. 32; 19, 24. 28. 36. 37). Todos estos pasajes indican que el propio evangelista acudió al Antiguo Testamento, para encontrar en él de manera prefigurada, las acciones de Dios, y todas ellas tienen su culmen en la persona de Jesús. Cristo es el Siervo del Señor, traspasado y muerto por nuestros pecados, para manifestar la voluntad del Padre, como su Enviado. La Palabra es la Escritura Santa plenamente acontecida, realizada y manifestada en su persona. En el árbol de la Cruz, Jesús ha llevado a cabo la gesta de la salvación y la plenitud de la acción en el proceso de la historia. Todos los creyentes somos conscientes de esta tarea y su implicación en la misión eclesial. La profundización en nuestra plenitud de la fe, llega a través de la Pasión y muerte redentora de Cristo. Toda nuestra vida será aspirar a cumplir, realizar y llevar a cabo esta misión para llegar a la santidad, mediante la perfección de la vida ordinaria. Así a semejanza de Cristo nuestra propia existencia cristiana será un reto para vivir de manera coherente la vida en Dios.

Esta tarde, Señor, Dios nuestro, adoramos la Cruz de Jesús. En ella, Cristo ha derrocado para siempre la muerte. Él nos ha reconciliado contigo. Padre, tu Hijo culminó tus gestos, tus obras, tus acciones, tu voluntad. Él es el traspasado por nuestras infidelidades y muerto con el martirio de los malditos. La hora de la entrega, del dolor, del sufrimiento y de la cruz, es la manifestación de tu gloria y de su misma gloria. Así desde la Cruz se ha convertido para nosotros en Señor. Él salió fiador por todos y cumplió siempre tu Palabra.

ANTONIO LLAMAS VELA