Trabajo para una verdadera fraternidad

«El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona» (Papa Francisco)

Cuando la economía genera injusticia, desigualdad y pobreza a muchos pueblos, y se muestra irrespetuoso con su propia sostenibilidad, se hace más que necesario un cambio. Ésta es la  declaración fundacional recogida en la Iniciativa Iglesia por un Trabajo Decente en mayo de 2015 que compromete a todos a mejorar las relaciones laborales porque es a través del trabajo. “Si falta trabajo, la dignidad humana está herida”, abunda esta declaración promovida por entidades y organizaciones católicas que trae hasta Córdoba a Tamar Arranz técnico de Cáritas Española para dar a conocer la iniciativa. Junto a ella, María Isabel Herrera Navarrete, presidenta de la JOC dan cuerpo al acto del 1º de Mayo con motivo del día de los Trabajadores y San José Obrero. La parroquia de las Santas Margaritas acogerá sus ponencias a partir de las 18:30 del próximo 1 de mayo, después, el Vicario General de la diócesis de Córdoba, Antonio Prieto Lucena presidirá la eucaristía para terminar con un tiempo de convivencia. Es la oportunidad de acercarnos a la posibilidad de transformación no solo del modelo económico sino de cuanto podamos hacer cada uno de nosotros en favor de cambios a la luz de la doctrina social de la Iglesia.

Trabajo para una verdadera fraternidad

En este Primero de mayo de 2019, desde el Secretariado Diocesano de Pastoral del Trabajo de Córdoba nos gustaría que todas las personas de nuestra Diócesis, en edad de trabajar, pudieran celebrar hoy tener un trabajo decente, un trabajo con derechos, un trabajo con el que ganarse la vida dignamente. También nos gustaría que las personas jóvenes: estudiantes y trabajadores, se pudieran preparar para el mundo laboral que viene, que va a ser un mundo totalmente diferente al que conocemos, debido a la revolución tecnológica y robótica que va a cambiar la mayoría de los empleos a través de la inteligencia artificial, la biotecnología y la infotecnología, de una forma vertiginosa y exponencial.

Nos gustaría que todas aquellas personas que ya han llegado a la edad de su jubilación, puedan vivir con la dignidad de hijos de Dios, con unas pensiones con las que llegar a final de mes no sea una heroicidad, sino una auténtica posibilidad. Personas que han trabajado tanto y que han construido la sociedad que conocemos, merecen ahora poder vivir con tranquilidad, atención, respeto y reconocimiento.

Nos gustaría hoy dar las gracias y reconocer sus esfuerzos a todas las personas buenas, creyentes y no creyentes, que colaboran con el Plan De Dios. Las gracias a las personas que organizan empresas con prácticas éticas, competentes, serias y legales. A las personas militantes que se implican y se comprometen en asociaciones, en sus puestos de trabajo, en los sindicatos y en los partidos políticos, para que los trabajadores y trabajadoras puedan vivir como Dios quiere. El proyecto de Dios se va tejiendo en la Historia a través de muchos hechos, que a veces no entendemos.

Hay mucho camino por recorrer porque muchos de nuestros compañeros, vecinos y amigos de nuestras Parroquias o de nuestros barrios, viven bajo el umbral de la pobreza, no tienen trabajo, o, si encuentran algo, es de poca calidad y muy temporal. De modo que no les permite realizar un proyecto de vida, ni darle continuidad, no les permite cuidar bien a su familia y, en muchos casos, ni siquiera les permite tener una familia.

Desde la Iglesia queremos estar presentes y acompañar a las personas, familias y colectivos que sufren la pobreza, el paro y la precariedad, abordar las causas y las consecuencias de lo que pasa a nuestro alrededor y llevar una palabra de aliento, siempre desde la esperanza, sabiendo que Dios no quiere esta desigualdad, esta precariedad ni está inseguridad y que llegará un momento en que conseguiremos mayor justicia y mayor igualdad. Y así podremos experimentar una verdadera fraternidad.

M Yolanda Fernández Bernabé

Directora del Secretariado Diocesano de Pastoral del Trabajo de Córdoba