Testimonio de fe en la XXIII peregrinación a Guadalupe

Jesús Linares nos presenta a Roni Salim, joven sacerdote iraquí cuyo testimonio impactó a los jóvenes que participaron en la peregrinación a Guadalupe

En la reciente peregrinación de jóvenes a Guadalupe, que se celebró del 26 al 28 de octubre, siendo ésta su vigésima tercera edición, hemos tenido la gran dicha de ser acompañados por un sacerdote iraquí, Roni Salim. No es la primera vez que venía a Córdoba. Ya vino en el año 2011, durante los días previos a la JMJ de Madrid, siendo seminarista. Volvió siendo diácono, en la Semana Santa de 2015. En la Misa Crismal de aquel año nos habló a todos los que participamos dándonos su testimonio personal de cómo  había sobrevivido a los ataques terroristas del ISIS (estado islámico) y cómo había sido testigo directo y sufriente de esta terrible persecución. En esta ocasión ha venido, invitado por nuestro Obispo Don Demetrio, para acompañarnos en esta Peregrinación hasta las plantas de María Santísima de Guadalupe. Su presencia entre los jóvenes se ha dejado notar. Más de mil peregrinos, chavales y chavalas de nuestra Diócesis, han escuchado de sus labios su impresionante testimonio sobre los cruentos sucesos que se viven en su país, ante todo por creer en Jesucristo. Su mensaje, desgarrador, nos ha hecho caer en la cuenta de que estábamos ante un confesor de la fe, que ha sobrevivido a la persecución. El seminarista alegre y bullicioso de 2011, ha venido hasta nosotros, ya sacerdote, con marcas de sufrimiento, de haber palpado muy de cerca el martirio y eso se le nota hasta en su mirada.

Roni no ha venido sólo, en su maleta ha traído unos obsequios. Se trata de dos “Crucificados rotos”, recogidos tal y como fueron encontrados de entre los escombros de iglesias bombardeadas de Irak por los ataques del ISIS. Uno lo ha regalado al Seminario San Pelagio, el otro lo ha entregado a todos los jóvenes de la Diócesis, que será custodiado en la Delegación de Juventud, en la Casa de los Jóvenes “San Juan Pablo II”. De este último nos hizo entrega en la Eucaristía final de la Peregrinación en la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

¡Gracias Roni! No hay palabras ante este detalle que has tenido con los jóvenes de Córdoba. Tu testimonio nos cautiva y nos hace reflexionar a todos. ¡Gracias de corazón por tu cercanía, por tu vida entregada a Jesucristo! Todos, sin lugar a dudas, hemos sido testigos directos de cómo la fe se puede vivir hasta las últimas consecuencias. Oramos por ti y todos nuestros hermanos que sufren por el mero hecho de ser cristianos.