“Te enseñan a esperarlo todo de Dios y a valorar el tesoro de la fe”

Tras regresar por segunda vez a la misión “ad gentes” de la que ya formó parte entre los años 2010 y 2012, Francisco Granados nos cuenta cómo vive su ministerio en la prelatura de Moyobamba (Perú). Y es que este sacerdote de la Diócesis, natural de la localidad de Benamejí, y con 40 años de edad, se encuentra inmerso en la selva amazónica peruana.

P: ¿Cómo es la provincia en la que la Diócesis lleva a cabo su misión?

Francisco Granados: Nuestra misión ocupa el territorio de una de las nueve provincias que conforman la Prelatura de Moyobamba en la zona nororiental del Perú. Es una misión en plena selva amazónica. Los dos sacerdotes cordobeses que allí estamos, junto a las religiosas y misioneros laicos que con nosotros colaboran, intentamos atender la ciudad de Picota y unos 130 poblados aproximadamente en una extensión de unos 2.500 Km2. En torno a unos 40.000 habitantes. Una provincia atravesada por el Huallaga, uno de los afluentes del Amazonas. Poblados distantes, con caminos sin asfaltar, de difícil acceso… Una zona muy desfavorecida: se vive del campo, al día; sin apenas recursos médicos ni educativos. Una zona muy azotada por la presencia de sectas. Gente sencilla, acogedora, sedienta de Dios…

P: ¿Con qué ayuda contáis?

Francisco Granados: ¡Con la ayuda de Dios que es la más importante! Con la colaboración de tres congregaciones religiosas femeninas y varias familias misioneras. Contamos además con la ayuda fundamental de la diócesis de Córdoba y el Cabildo. También con el apoyo de grupos que vienen a colaborar en la misión por un periodo de tiempo.

P: ¿Qué proyectos tenéis en marcha actualmente?

Francisco Granados: La construcción de algunas capillas en poblados donde no hay y viven buen número de familias católicas.

P: ¿Cuáles son las principales funciones que realizáis allí los sacerdotes?

Francisco Granados: Animar, acompañar, predicar la Palabra, celebrar los sacramentos, estar cerca de quienes sufren y llevarles el consuelo de Dios, la esperanza y la alegría del Evangelio.

P: Además de celebrar la Eucaristía, la misma convivencia diaria es la mejor forma de transmitirles el amor de Dios, ¿no es así?

Francisco Granados: Así es. Es en ese acompañamiento diario, conociendo su vida, hospedándote en su humilde hogar cuando vas a las comunidades alejadas, compartiendo su mesa, escuchando sus alegrías y penas, sus luchas, sus fatigas y esperanzas…; es ahí donde tienes muchas ocasiones para transmitir el consuelo y el amor de Dios.

P: ¿Cómo ha cambiado esta experiencia misionera en ti?

Francisco Granados: Vivir en aquellas tierras y compartir la vida con aquellas gentes es una experiencia que te va cambiando tu modo de ver la vida y de vivir la fe. En cuanto a mí, puedo decir que los años vividos allí están siendo los más intensos en mi vida y ministerio sacerdotal; y no tanto por el trabajo, sino porque es una vivencia muy intensa de la fe que te madura como sacerdote. Cada día se presenta como un reto y una llamada, o te entregas del todo o carece de sentido la misión encomendada. Se aprende mucho de aquellas gentes. Te enseñan a esperarlo todo de Dios y a valorar el tesoro de la fe.

P: ¿Animarías a otros jóvenes, seminaristas o sacerdotes a vivir una experiencia de misión?

Francisco Granados: Emplear un tiempo de la vida que Dios te regala, o toda ella, en la misión “ad gentes” es una experiencia que dilata el corazón de todo cristiano y de todo sacerdote. Nuestra vocación bautismal y sacerdotal hemos de vivirla con un corazón universal, dispuestos a salir e ir allá donde el Señor y los hermanos nos necesiten.

P: Tras estar allí, vivir en la realidad de todas esas personas necesitadas, ¿cómo ves la vida aquí?

Francisco Granados: Creo que en este “primer mundo” a veces vivimos demasiado preocupados por cosas que en realidad carecen de importancia y nos creamos muchas necesidades que no son tales. La vida aquí te arrastra, sin darte cuenta. Allí la vida tiene otro ritmo, se presenta más al desnudo, más en su crudeza y, por tanto, en su verdad.

P: ¿Te gustaría regresar aquí, a Córdoba?

Francisco Granados: Me gustaría hacer siempre, en cada momento de mi vida, lo que Dios quiera que haga.

P: En otro orden de cosas, ¿qué necesidades son las más demandadas y las más urgentes en Picota?

Francisco Granados: Ante todo, la necesidad de evangelización. Hay muchas sectas en la zona que seducen a aquellas pobres gentes y viven del “negocio” del Evangelio. Urge llevar el amor de Cristo, su Palabra y su gracia a muchos hermanos que tienen sed de Dios y que han estado muchos años sin sacerdotes. En cuanto a necesidades materiales… hay muchas.

P: Por último, ¿cómo se puede ayudar a esta misión?

Francisco Granados: Orando por ella y por los misioneros que allí nos encontramos. Hasta ahora, hemos sentido muy cercana esa ayuda espiritual y material: ¡Gracias de corazón en nombre de los pobres!