“Somos Iglesia que camina en la historia”

Nuestra familia de la sección "Iglesia doméstica" baja esta semana a la Santa Iglesia Catedral

“Estaban todos reunidos en el mismo lugar”. Son de esas frases de la Palabra que no transcienden ante la importancia del mensaje de la lectura hasta que te toca confinarte con tu familia durante 70 días. Esto que hemos pasado será recordado durante toda la vida pero también recordaremos la vivencia compartida, los ratos de oración, los momentos de catequesis, las historias de los Santos, jugar a celebrar misa… En general, a vivir como aquellos discípulos que se sintieron invadidos por una fuerza, la del Espíritu Santo, que entonces no pudieron explicar y hoy nos llena de la Gracia para afrontar todo lo que nos queda por vivir.

Esta semana hemos bajado a nuestra Santa Iglesia Catedral con la familia. Si visitarla hace unos meses era una autentica gozada, hacerlo ahora es doblemente maravilloso. Si hay algo bueno, lo poco bueno, que nos ha dejado esta nueva normalidad es poder disfrutar de tantos sitios maravillosos que tiene nuestra ciudad sin agolparte con miles de turistas. En la catedral se sentía a Dios claramente. En cada rincón, en cada capilla, en las pocas personas que paseábamos entre tantos siglos de historia, hubo un momento en que vi a Pedrete, mi hijo mayor, llorando desconsoladamente. Lloraba porque él pensaba que iba a disfrutar de Dios en su casa y se frustró porque solo veía piedras antiguas y cuadros que no entendía. En ese momento pasamos por delante de unos arcos donde hay escrito en castellano antiguo una oración a Dios. “¿Ves eso? Hace cientos de años ya había personas que se colocaban aquí para rezar lo mismo que tú y yo rezamos. Dios los oía y los cuidaba.” Desde ese momento su cara cambió. Cada cuadro, cada cáliz, cada retablo, cada mural, cada paso que dimos lo disfrutamos más aún “¿Hace cuánto años se hizo eso, papá?". “Esa persona tuvo que ser importante para Dios, sino no estaría enterrada aquí ¿verdad?” Entender cuántas cosas maravillosas se han hecho y se hacen para gloría de Dios te hace sentirte más “Iglesia que camina en la historia” que nunca. Eso es algo que, como cristianos, tenemos que hacer sentir a nuestros hijos. Dios y su Iglesia caminan de la mano hasta el fin de los días.

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