Rezamos juntos y en alta voz

Artículo del sacerdote Javier Sánchez Martínez

Vivir la liturgia es formar un solo Cuerpo, y juntos rezamos y respondemos a los diálogos con el sacerdote, cantamos y aclamamos. Juntos, en alta voz, con claridad y no un susurro imperceptible. Esto sí es participar.

“Las aclamaciones y las respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote y a las oraciones constituyen el grado de participación activa que deben observar los fieles congregados en cualquier forma de Misa, para que se exprese claramente y se promueva como acción de toda la comunidad.

Otras partes muy útiles para manifestar y favorecer la participación activa de los fieles, y que se encomiendan a toda la asamblea convocada, son principalmente el acto penitencial, la profesión de fe, la oración universal y la Oración del Señor” (IGMR 35-36).

Participar por ejemplo “en la oración de los fieles”, es que todos oren y respondan (incluso cantando la respuesta). Son los fieles los que oran y así participan, intercediendo para la salvación del mundo, y un diácono –o un lector- les propone las distintas preces o intenciones, como un servicio para la oración común.

El Misal, garantizando el orden y el decoro, insiste en la oración en común como tal de los fieles que en los lectores de las intenciones: un diácono, y si no lo hay, un cantor o un lector: en todo caso, una sola persona señala a todos los fieles los motivos y necesidades para que oren. Excepcionalmente, en Misas con fieles de distintos idiomas, puede ser conveniente un lector por petición para que la lea en su propia lengua. Lo importante es la respuesta, la oración de todos: “Te rogamos, óyenos”.

Así, participar, es orar juntos, con una sola voz, que se oiga con claridad, las distintas respuestas: “y con tu espíritu”, “amén”, “Yo confieso”, “El Señor reciba…”, “Creo en un solo Dios…”, con un mismo ritmo todos, unidos. Y además pronunciando el sonido, que se oiga con claridad una sola voz de todos, expresión de un solo corazón y una sola alma, y no quedarse callados, o mover apenas los labios: ¡qué triste cuando nadie responde!

Oramos juntos, como Iglesia, y estas respuestas conjuntas, estas oraciones en común, son un modo muy importante de participar en la liturgia activamente. “Todos perseveraban en la oración en común”, decían de los primeros cristianos (Hch 1,14).

 

¿Sabías que…?

Todo debe estar en silencio cuando interviene el sacerdote y estar atento a lo que él pronuncia, sin música de fondo.

En la celebración de la Santa Misa por la naturaleza de las intervenciones de quien preside, obispo o presbítero, deben pronunciarse claramente. Además deben ser escuchadas atentamente. Por tanto, mientras interviene el sacerdote, no se canta ni se