Retiro espiritual predicado por el Sr. Obispo

El día 17 ha sido el colofón del Año Sacerdotal, asistiendo el presbiterio completo en la Casa Diocesana de Espiritualidad “San Antonio” al retiro espiritual predicado por el Sr. Obispo.

retiroDe su permanencia en Roma cogió el testigo de manos del Santo Padre y habló a sus sacerdotes en el mismo clima y pálpito que se vivió en la Plaza de san Pedro. Se distribuyó a cada uno de los presentes un cuadernillo con todas las intervenciones de Benedicto XVI en los actos de clausura y de ahí extrajo sustancialmente toda su exposición.
Planteó tres preguntas y dio tres repuestas:
1ª ¿Iglesia sin sacerdotes? El sacerdote no es miembro de una casta sino servidor del Pueblo de Dios. De su santidad personal depende el fruto de su ministerio. A pesar de sus debilidades, limitaciones e incluso pecados, el sacerdote debe estar alegre porque ha sido elegido por el Señor.
No puede existir la Iglesia sin sacerdotes. Tenemos la certeza de que Jesucristo no puede dejar a su Iglesia sin sacerdotes y por eso nos impela a rogar al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. De ahí nace en el sacerdote la provocación del planteamiento vocacional, la vocación la da el Señor pero el sacerdote celoso la puede y debe provocar.
2ª ¿Sacerdote desacralizado? En un mundo cada vez más desacralizado, el sacerdote no puede ser como los demás hombres y despojarse de todo contenido religioso y sagrado, que Jesucristo le ha dado. No es un funcionario dentro de la sociedad organizada sino que él mismo es un sacramento, persona consagrada, prolongación de Cristo en medio del mundo y está llamado a ser un reclamo de Dios en el mundo. La corriente secularizadora y desacralizadora pretende echar del mapa a Dios y los sacerdotes con un sacerdocio desacralizado se diluye la fuerza de Dios.
3ª ¿Un sacerdote sin celibato? El celibato sacerdotal ha dicho el Santo Padre que es un escándalo para el mundo actual. Lo acogemos como un don del Señor para su Iglesia unido al sacerdocio ministerial.
Existe el soltero que huye del compromiso y el casado con vínculo permanente y estable para toda la vida. El célibe se parece más al segundo que al primero, porque no es soltero y menos solterón. El sacerdote tiene una familia, la Iglesia, y está desposado, él gasta y entrega toda su vida, donándose a sí mismo por sus hermanos los hombres. Esta manera de vida le parece imposible y hasta un escándalo para el mundo que ha eliminado a Dios, porque el celibato es la apertura a Dios. El celibato unido al sacerdocio ministerial se basa en tres argumentos: Vivir como vivió Jesús, parecerse a Él. Para ello necesita una amistad personal con Él alimentada con la oración. El sacerdote hace presente a Jesucristo en su Iglesia y es un anticipo de la vida eterna.

Manuel Moreno Valero