Profesión solemne en el monasterio de las MM. Concepcionistas de Santa Ana de Montilla

La Eucaristía fue presidida por D. Juan José Asenjo, Arzobispo Coadjutor de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba.

mmconcepcionistasEl pasado 16 de mayo, fue un día memorable para el pueblo de Montilla y, en concreto, para la comunidad de las MM. Concepcionistas de Santa Ana, ya que las hermanas Gloria Alicia Mª Calí Simón, Mª Auxiliadora Bautista Hernández y Elsa Marina Cutzal Catú emitieron la profesión de los Votos Solemnes.

La Eucaristía fue presidida por D. Juan José Asenjo, Arzobispo Coadjutor de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba, y concelebrada por varios sacerdotes. Durante la homilía, se dirigió a las neoprofesas con estas palabras: “La predilección del don especial que el Señor os ha mostrado al elegiros como esposas os pide que lo pongáis como un sello sobre vuestro corazón para amarle a Él en exclusiva y grabéis su nombre en vuestros labios para que nunca olvidéis su amor esponsal”. Y añadió“la consagración religiosa mediante los consejos evangélicos no es otra cosa que un desarrollo de la alianza bautismal que el Espíritu Santo inspira a quienes llama a ese amor esponsal, santo, absoluto, indiviso, irrevocable y definitivo con Jesucristo”.

También,les invitó a permanecer a la escucha de quien les ha llamado, a polarizar y absorber su afectividad, su tiempo, su salud, su capacidad de amar para una dedicación plena e incompatible con cualquier otro compromiso. También dedicó a los padres de las neoprofesas, que les acompañaban desde la lejanía de su patria (Guatemala), con estas conmovedoras palabras: “Es un privilegio muy grande que el Señor haya elegido a vuestras hijas. Que sepáis que no las habéis perdido sino todo lo contrario; estarán siempre muy cerca de vosotros unidos con los lazos visibles del afecto y con los vínculos invisibles de la comunión de los santos”.

Las tres jóvenes, tras un período de formación, de verificación de su vocación, con un corazón agradecido, firme y decidida, dieron un síquieroal Señor, comprometiéndose a vivir sólo para Él en una vida escondida con Cristo en Dios, desposándose con Jesucristo nuestro Redentor a honra de la Inmaculada Concepción de María. Y así, con su vida de oración y contemplación, servir a Dios y a la Iglesia, presentándole los gozos y las fatigas de todos los hombres sus hermanos, contemplando al mundo con los ojos y el corazón de Dios.