Presentación y toma de posesión de Mons. Juan José Asenjo como Arzobispo Coadjutor de Sevilla

Las campanas de la Giralda repicaban en todo su esplendor para recibir, bajo un cielo radiante, a Mons. Juan José Asenjo como nuevo Arzobispo Coadjutor de la Archidiócesis de Sevilla el pasado 17 de enero.

tomadeposesionCuarenta y cuatro prelados lo acompañaron en el comienzo de su oficio en la Archidiócesis hispalense. Tres cardenales -los de Madrid, Barcelona y Toledo, además de Mons. Amigo Vallejo-, nueve arzobispos y treinta obispos a los que se sumaba el nuncio apostólico en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro.

La ceremonia de toma de posesión comenzó a las 12:00 h. En esos momentos, Mons. Juan José Asenjo llegaba a la Catedral hispalense donde entró acompañado por Mons. Amigo Vallejo y el Nuncio. Nada más atravesar la puerta de la Asunción, el nuevo Arzobispo Coadjutor besó el Lignum Crucis y se dirigió a la Capilla de la Antigua junto a los miembros del Cabildo catedralicio sevillano.

La celebración eucarística se celebró en el Altar del Jubileo, presidido por la imagen de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla. Al comienzo de la Santa Misa, Mons. Juan José Asenjo entregó las Letras Apostólicas en las que Su Santidad, Benedicto XVI lo nombra Arzobispo Coadjutor de la iglesia metropolitana hispalense. El documento apostólico fue mostrado al cardenal y al Colegio de Consultores.

Mons. Carlos Amigo Vallejo fue el encargado de presidir la eucaristía. Durante la homilía de presentación, el Arzobispo metropolitano destacó la alegría que suponía la designación del nuevo Arzobispo Coadjutor. Asimismo señaló que sus “cualidades humanas y episcopales son tan relevantes como conocidas” y recordó que “llega a nosotros desde la querida y hermana Iglesia de Córdoba, la Iglesia de insignes obispos y grandes prelados, de heroicos mártires, de tantos santos, apóstoles, misioneros... una Iglesia antigua y con notable pujanza evangelizadora y cultural en la actualidad”.

Por su parte, Mons. Juan José Asenjo, en su primera alocución en la catedral hispalense dedicó un emotivo recuerdo a sus raíces familiares y locales destacando que “a la misericordia Dios debo los dones de la vocación cristiana y de la vocación sacerdotal, pero a vosotros debo la formación, la amistad y el aliento de vuestro testimonio”.

Posteriormente afirmó que “la posesión del oficio de Arzobispo Coadjutor de Sevilla, que acabo de recibir, me vincula plenamente a esta Iglesia, a la que deberé amar, servir y dedicar todas mis energías”. Tras saludar a los sacerdotes, consagrados, seminaristas, miembros de la Acción Católica, grupos y movimientos apostólicos, hermandades y cofradías; a los voluntarios de Cáritas y Manos Unidas y a toda la comunidad diocesana de las seis Vicarías que componen la diócesis hispalense se dirigió a los representantes de la vida civil y a los Medios de Comunicación Social a quienes agradeció su presencia en esta celebración.

Refiriéndose a su nuevo ministerio en la diócesis sevillana añadió: “Vengo a servir a una Iglesia tempranamente evangelizada y con una historia esplendorosa, que a lo largo de los siglos ha dado admirables frutos de santidad. El catálogo de sus Arzobispos y las obras de evangelización, de caridad y de servicio que aquí han dejado son para mí una llamada permanente a seguir sus huellas. Testimonio elocuente de las profundas raíces cristianas de esta Iglesia es su riquísimo patrimonio artístico y su pujante religiosidad popular, que encierra, sin duda, formidables potencialidades evangelizadoras”.

Mons. Juan José Asenjo pidió a los sevillanos y a todos los que le acompañaron en aquella jornada que pidiesen “al Señor que los sacerdotes encuentren en mí al padre y hermano siempre dispuesto a acogerles, escucharles y alentarles en su fidelidad y su tarea evangelizadora y santificadora y que ellos sean siempre los primeros destinatarios de mi solicitud paternal. Que ame al Seminario, corazón y esperanza de la Archidiócesis, y dedique las mejores energías a la pastoral vocacional. Pedidle también que los consagrados sientan mi cercanía y estima y que les ayude a vivir la fidelidad en su consagración y en sus tareas y misiones importantísimas. Que valore el papel de los laicos y favorezca su participación activa en la vida de la Iglesia y en el apostolado, porque el Espíritu Santo, como el alma en el cuerpo, está presente en todos los miembros del Cuerpo Místico y a todos vivifica para que cada uno cumpla su función y servicio. Pedid al Señor que ame a todos los fieles con idénticas entrañas de misericordia y que, si por alguien tengo que mostrar alguna preferencia, que sea por los niños y jóvenes, las familias, los enfermos, los pobres, los que no cuentan, los inmigrantes y todos aquellos que son las primeras víctimas de la crisis económica”.

Por último, destacó que su principal preocupación era el trabajo por la Pastoral de la santidad, a la que calificó como “la necesidad más apremiante de la Iglesia y del mundo en esta hora. El mundo no curará sus heridas ni aliviará el sufrimiento de tantos hermanos nuestros con las fórmulas de los sociólogos o de los técnicos, sino desde la revolución silenciosa de la santidad y del amor”.

El canto del Salve Regina puso fin a la Santa Misa. El recorrido hasta la sacristía fue el momento en el que muchos amigos y conocidos de Mons. Juan José Asenjo aprovecharon para saludar y felicitar al nuevo Arzobispo Coadjutor.

La presencia cordobesa fue amplia en la mañana del 17 de enero en Sevilla. Parroquias, movimientos y grupos y cientos de particulares arroparon al que había sido durante cinco años su Obispo en Córdoba. Tampoco faltaron las autoridades cordobesas que mostraron con su presencia en la Catedral hispalense el afecto y gratitud por la labor desempeñada por Mons. Juan José Asenjo en sus años como Obispo de Córdoba.