Perder la vida por el prójimo, por amor a Jesús

Se trata de una nueva vía propuesta por el Papa Francisco para abrir una causa de beatificación. El hermano Pedro Manuel Salado podría ser un ejemplo de ello

El Papa Francisco, con el Motu Proprio Maiorem hac dilectionem (11-VII-2017), ha abierto la posibilidad de abrir la causa de beatificación de “quienes empujados por la caridad han ofrecido heroicamente la propia vida por el prójimo aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura con la intención de seglar a Jesús”. Esta nueva vía se suma a las existentes: martirio, virtudes heroicas y confirmación de culto.

L'Osservatore Romano ha explicado el origen de este nuevo camino: la Congregación para las Causas de los Santos planteó “si no merecerían la beatificación aquellos Siervos de Dios que, inspirados por el ejemplo de Cristo, hayan libre y voluntariamente ofrecido e inmolado la propia vida por los hermanos en un supremo acto de caridad, que haya sido directamente causa de muerte”. Es “una cuarta vía que podríamos llamar la oferta de la vida. Y, si bien tiene elementos que la asemejan al martirio y a las virtudes heroicas, es una nueva vía que quiere valorar un testimonio heroico cristiano, hasta ahora sin un procedimiento específico, porque no entra plenamente en la tipología del martirio, ni en las de las virtudes heroicas”.

El art. 2 establece unos criterios: “a) ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación propter caritatem de una muerte segura, y a corto plazo; b) relación entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura; c) el ejercicio, por lo menos en grado ordinario, de las virtudes cristianas antes del ofrecimiento de la vida y, después, hasta la muerte; d) existencia de la fama de santidad y de los signos, al menos después de la muerte; e) necesidad del milagro para la beatificación, sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión”.

HERMANO PEDRO MANUEL SALADO DE ALBA

Un ejemplo de caridad fraterna y de generoso y humilde servicio hasta dar la vida.

Nació en Chiclana de la Frontera (Cádiz), el 1-I-1968. En su familia aprendió el valor de la fraternidad y la sencillez. Emprendedor y tímido a la vez, fue un apasionado de la electrónica.

Se dejó guiar por la mano de Dios en su vocación, en especial con una visita a Taizé. Fue voluntario en el “Hogar de Nazaret” en 1987, atrayendo a los niños con su guitarra y su humildad; y ese año comenzó su noviciado, consagrándose al Señor el 15-VIII-1990. Vivió en el Hogar de la Calle Osio (Córdoba) hasta 1998, en que fue destinado al Hogar de Quinindé (Ecuador). Allí, además de dirigir un Hogar, desarrolló una amplia labor pastoral: coordinador de un Colegio, catequesis, clases de Religión.

En estas labores tuvo dos “secretos”: profunda obediencia a sus superiores y confianza en la Virgen María. Huía de los cargos, deseando dedicar su vida sólo a los niños. Todo con una profunda sencillez, pobreza evangélica (espiritual y material), alegría y bondad.

El 5-II-2012, estando sus niños jugando a la orilla del mar en Esmeraldas (Ecuador), un remolino arrastró a siete ellos mar adentro. Pedro Manuel no dudó en lanzarse al agua diciendo: “Tengo que salvar a mis niños”; los sacó uno a uno y, tras salvar a los dos últimos, fallecía exhausto.

El Hogar de Nazaret ha iniciado los primeros pasos en la apertura de la causa de canonización del Hermano Pedro Manuel, siguiendo este nuevo camino que acaba de proponer la Santa Sede. Ya se ha cumplido el plazo prescrito para su apertura (5 años; cf. Sanctorum Mater, art. 25, § 2); existe una auténtica fama de ofrecimiento de vida y de favores entre el Pueblo de Dios (art. 7, § 1); y nuestro Obispo, Mons. Demetrio Fernández, ha mostrado su interés en la misma, contando con el permiso de Mons. Eugenio Arellano, Obispo de Esmeraldas (Ecuador), para que dicha causa de tramite en nuestra Diócesis por motivos razonados, esperando que la Congregación para las Causas de los Santos manifieste su parecer favorable (arts. 20-24).

En definitiva el Hermano Pedro Manuel nos recuerda hasta dónde puede llegar el amor a Dios y al prójimo. El lema de la Familia Hogar de Nazaret es: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). Él no le negó nada a Dios en su vida.