Orientaciones litúrgicas para la Misa Crismal

La Misa Crismal, que el Obispo celebra con su presbiterio, y dentro de la cual consagra el santo crisma y bendice los demás óleos, es como una manifestación de comunión de los presbíteros con el propio Obispo (OGMR 157).

Con el santo crisma consagrado por el Obispo, se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados, y se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los Obispos y la Iglesia y los altares en su dedicación. Con el óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo. Con el óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad.

Para esta Misa se reúnen y concelebran en ella los presbíteros, puesto que en la confección del crisma son testigos y cooperadores del Obispo, de cuya sagrada función participan (PO 2), para la construcción del pueblo de Dios, su santificación y su conducción, así se manifiesta claramente la unidad del sacerdocio y del sacrificio de Cristo, que se perpetua en la Iglesia.

Para que mejor se signifique la unidad del presbiterio, debe procurarse que estén presentes presbíteros concelebrantes de las diversas regiones de las diócesis (Ceremonial de los Obispos, núm. 274).

Si es difícil reunir el Jueves Santo por la mañana al clero y al pueblo con el Obispo, la consagración del crisma y la bendición del óleo de los enfermos y de los catecúmenos se puede anticipar a otro día, pero cercano a la Pascua, y siempre se emplea la Misa propia.

En la homilía, el Obispo debe exhortar a sus presbíteros a guardar la fidelidad en su ministerio e invitarlos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

Según la costumbre tradicional en la liturgia latina, la bendición del óleo de los enfermos se hace antes del final de la Plegaria Eucarística; la del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, después de la Comunión. Sin embargo, por razones pastorales, está permitido hacer todo el rito de bendición después de la liturgia de la Palabra.

Se toman y se llevan a las iglesias los nuevos óleos benditos; los viejos se queman o se dejan que ardan en la lámpara del Santísimo.

Es muy conveniente que el tiempo de la Cuaresma termine, tanto para cada uno de los fieles como para toda la comunidad cristiana, con alguna celebración penitencial que prepare a una o más plena participación en el misterio pascual.

Esta celebración tendrá lugar antes del Triduo pascual, y no precederá inmediatamente a la Misa vespertina en la Cena del Señor. La sagrada comunión sólo se puede distribuir a los fieles dentro de la Misa; a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora.

Los fieles que han comulgado en la Misa crismal pueden también comulgar de nuevo en la Misa vespertina de la Cena del Señor. En el Triduo pascual no se permite cualquier otra celebración, tampoco las Misas de difuntos, incluso la exequial.