Orientaciones litúrgicas para celebrar la Sepultura del Señor y la Vigilia Pascual

Durante el Sábado Santo la iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exhuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.

Hoy no se puede distribuir la sagrada Comunión, a no ser en caso de viático. Es conveniente la celebración del Oficio de Lecturas y de las Laudes matutinas con participación del pueblo. Cuando esto no se posible prepárese una celebración de la Palabra o un ejercicio piadoso que corresponda al misterio de este día.

Pueden ser expuestas en la iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, en el sepulcro, o descendiendo a los infiernos, ya que se ilustran el misterio del Sábado Santo, así como la imagen de la Santísima Virgen de los Dolores.

No se puede celebrar el matrimonio ni administrar otros sacramentos, a excepción de la

Penitencia y la Unción de los enfermos como tampoco se celebran las Misas anticipadas del domingo hasta la Vigilia pascual, que debe ser única en cada iglesia u oratorio.

Debe ser reprobada la costumbre o abuso de celebrar la Vigilia pascual a la hora en que

habitualmente se celebran os sábados por la tarde las Misas del domingo. Los usos y tradiciones vinculados con el Sábado Santo, a causa de la antigua anticipación de la Vigilia a la mañana de éste día, deben desplazarse a la noche y al día de Pascua.

Otras sugerencias

Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucito, ha de considerarse como “la madre de todas las santas Vigilias” (San Agustín). Durante la vigilia, la iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (Ceremonial de los Obispos, núm. 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc.12,35-48), deben asemejarse a los criados que con lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor para que cuando llegue los encuentre en vela y los invita a sentarse en su mesa.

Toda celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente.

 

Vigilia Pascual

Cualquier costumbre o abuso contrarios han de ser reprobados. Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, “rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo” (Pregón pascual). Desde su comienzo la iglesia ha celebrado con una solemne vigilia nocturna la Pascua anual, solemnidad de las solemnidades. La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y por medio del Bautismo y de la Confirmación somos injertados en el misterio pascual de Cristo, morimos con él, somos sepultados con él y resucitamos con él, para reinar con él para siempre (cf.SC 6; Rm6.3-6: Ef 2,5-6: Col 2,12-13; Tm 2,11-12).

La práctica de organizar en una misma comunidad parroquial dos vigilias pascuales, una abreviada y otra muy desarrollada, es incorrecta, como contraria a los más elementales principios de la celebración pascual, que requieren una única asamblea, signo de la única iglesia que se renueva en la celebración de los misterios pascuales.

 

Por la Cruz a la Luz. La celebración litúrgica consta de las siguientes partes:

-Lucernario: Bendición del fuego, procesión y pregón pascual.

-Vigilia: La iglesia proclama y medita las maravillas que Dios ha hecho con su pueblo.

-Liturgia Bautismal: Por los sacramentos de la iniciación cristiana los nuevos discípulos de Cristo se comprometen a seguirle con fidelidad. La comunidad cristiana renueva su compromiso bautismal.

-Liturgia eucarística: Es la Eucaristía más importante de todo el Año Litúrgico.

 

El cirio pascual se coloca hasta el domingo de Pentecostés inclusive junto al altar o junto al ambón.

No se permite la celebración sólo de la Misa sin los ritos de la Vigilia pascual. Esta puede celebrarse incluso en las iglesias y oratorios donde no se hubieran celebrado las funciones del Jueves y Viernes Santo; y omitirse allí donde se hubieran celebrado. Es de precepto celebrarla allí donde hubiere fuente bautismal.

Es necesario que se respete la verdad de os signos, se favorezca la participación de os fieles y que no falten ministros, lectores y cantores para el buen desarrollo de la celebración.

Hay que favorecer el hecho de que los grupos particulares tomen parte en la celebración

común de la vigilia pascual, de suerte que todos los fieles, formando una única asamblea, puedan experimentar más profundamente el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial.

El pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación, puede ser anunciado, si fuese necesario por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, por un cantor.

 

Otras sugerencias:

Las lecturas de la Sagrada Escritura describen momentos culminantes de la historia de la salvación, cuya meditación se facilita a los fieles con el canto del salmo responsorial, el silencio y la oración del sacerdote celebrante. Se proponen siete lecturas del Antiguo Testamento, entresacados de la Ley y de los Profetas, y dos del Nuevo Testamento; de la lectura del Apóstol y Evangelio. De esta manera, la Iglesia, “comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas” (Lc. 24,26: ct. Lc. 24,44-45), interpreta el misterio pascual de Cristo. Por tanto, en la medida que sea posible, léanse todas las lecturas indicadas para conservar la índole propia de la Vigilia pascual, en la que la lectura de la palabra divina es fundamental. Por motivos de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; léanse al menos tres, que en casos muy especiales pueden reducirse a dos, sin omitir nunca la lectura del capítulo 14 del Éxodo (3ª lectura).

La celebración de la Eucaristía es el punto culminante de la Vigilia, porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la Cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y pregustación de la pascua eterna. Es muy conveniente que todos los ritos y las palabras que los acompañan alcancen toda su fuerza expresiva.

Es conveniente que se administre la comunión bajo las dos especies del pan y del vino. Aunque se celebre antes de la medianoche ya es Misa de la Pascua del Domingo de Resurrección.

Los fieles que participan en esta Misa de la Vigilia pueden comulgar de nuevo en la Misa del día de Pascua. Y el sacerdote que celebra o concelebra en la Vigilia, puede celebrar o concelebrar de nuevo el día de Pascua.

No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

No se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.

La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial es muy conveniente hacer la aspersión con el agua bendecida durante la celebración de la Vigilia, mientras se canta un cántico de índole bautismal.

Consérvense o restáurense en la medida de lo posible las Vísperas bautismales del día de Pascua, durante las cuales, y al canto de los salmos, se hace una procesión al baptisterio.

El cirio pascual, colocado junto al ambón o junto al altar, enciéndase en las celebraciones litúrgicas de alguna solemnidad, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés.