Orientaciones litúrgicas para celebrar el Viernes Santo de la Pasión del Señor

En este día, en que “ha sido inmolada nuestra víctima pascual; Cristo ((ICO 5,7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración, se ha cumplido con plena eficacia; el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas” (cf San León Magno)

En efecto, “esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza. Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la iglesia entera” /SC 5).

La iglesia meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (Ceremonial de los Obispos, núm. 312).

La celebración de esta tarde debe transcurrir en el silencio para meditar la fidelidad absoluta de Jesús al Padre.

 

La celebración litúrgica se desarrolla de la siguiente forma:

-Rito de entrada; procesión en silencio y oración.

-Liturgia de la Palabra con especial atención a la proclamación de la Pasión y la oración universal o solemne.

-La adoración de la Cruz; triunfo de la donación y amor de Jesús.

-Rito de comunión

-Rito de conclusión.

 

Ayuno y abstinencia

La iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía; la sagrada Comunión se distribuye a os fieles solamente durante la celebración de la Pasión del Señor; sin embargo, los enfermos que no puedan participar en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día.

No se permite celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Penitencia y de la Unción de los enfermos.

Las exequias sin Misa han de celebrarse sin canto, sin órgano y sin tocas las campanas.

La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres.

Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente; por ejemplo, desde el mediodía hasta el atardecer, pero nunca después de las nueve de la noche.

 

Otras sugerencias:

El altar debe estar desnudo completamente; sin cruz ni candelabros ni manteles.

Las lecturas han de ser leídas por entero. La historia de la Pasión de Señor según San Juan se canta o se proclama como el domingo anterior sin cirios ni incienso, no se hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro, pero se dice al final “Palabra del Señor”. Después de la lectura de la Pasión hágase la homilía, y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo.

En la ostensión de la Cruz úsese una única cruz suficiente, grande y bella. Este rito ha de hacerse con el esplendor digno de la Gloria del misterio de nuestra salvación. Terminada la comunión, el copón se lleva a un lugar preparado fuera de la Iglesia, o, si lo exigen las circunstancias, se reserva en el sagrario.

Terminada la celebración se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros. Dispóngase en la iglesia un lugar adecuado para colocar allí la Cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla, besarla y permanecer en oración y meditación. Hasta la Vigilia Pascual se hace genuflexión sencilla a la Cruz.

Los ejercicios de piedad, como el Vía Crucis, las procesiones de la Pasión y el recuerdo de los dolores de la Santísima Virgen María han de responder en los textos y cantos utilizados al espíritu de la liturgia del día. Los horarios de estos ejercicios piadosos han de regularse con el horario de la celebración litúrgica de la Pasión del Señor, de manera que aparezca claramente que ésta, por su misma naturaleza está por encima de a devoción popular.