OCTUBRE MISIONERO

(9.11 – 15.11) Semana del sacrificio y dolor compartidos

El lema del Domund de este año “Como el Padre me ha enviado, así también envío yo” (Jn 20,21) nos invita a sentirnos todos urgidos por el amor del Padre que nos arrebata y nos envía a buscar a los últimos y pequeños, a los empobrecidos y marginados, con la misión de vivificar al mundo y construir su Reino, la civilización del amor. Conscientes de que esta «misión universal implica a todos, a todo y siempre.»
El Papa en su Mensaje nos dice que «por medio de la participación responsable en la misión de la Iglesia, el cristiano llega a ser constructor de la comunión, de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado, y colabora en la realización del proyecto salvífico de Dios para toda la humanidad. Los desafíos que ésta encuentra, llaman a los cristianos a caminar con los demás, y la misión es parte integrante de este camino con todos. En ella llevamos, si bien en vasijas de barro, nuestra vocación cristiana, el tesoro inestimable del Evangelio, el testimonio vivo de Jesús muerto y resucitado, encontrado y creído en la Iglesia.
Que la Jornada Mundial de las Misiones renueve en cada uno el deseo y la alegría de “ir” al encuentro de la humanidad llevando a todos a Cristo.»
Hoy iniciamos la semana del sacrificio por las misiones. En ella se nos invita a incorporar tres cosas: la experiencia del dolor y del sacrificio, la inmolación como camino que lleva de la muerte a la resurrección, y la identificación con Cristo y con nuestros misioneros, quienes, a imitación de Cristo, comparten las alegrías y penas, los sufrimientos y anhelos de toda la humanidad; ellos son la prueba de que el Reino ha llegado.

A. Evans