«No hay autoestima baja para un cristiano con esperanza»

Entrevista a Celia Fenoy,  madre de tres hijos y abuela de seis nietos, cuenta cómo vive su fe en la Iglesia

Todo lo que es y todo lo que tiene está al servicio del Señor. Celia Fenoy es una cristiana enérgica, dispuesta a escuchar y acoger. Se siente llamada a servir a Jesús con su escucha atenta y con el don propio de la empatía. Es instrumento en manos de Dios y proclama la esperanza de saber que aunque ella actúe “todo está en sus manos”. Casada, madre de tres hijos y abuela de seis nietos, ejerció como maestra un año, después optó personalmente por cuidar de su familia

P. ¿Cómo empiezas a entender tu vocación de servicio al Señor?

R. La renuncia al trabajo fue una opción personal y durante los siete primeros años de matrimonio tomé conciencia de lo que suponía. Cuando pensaba que iba a tirar la toalla, me encontré de nuevo con la comunidad cristiana en un cursillo de cristiandad. Siempre había vivido mi conciencia cristiana en comunidad y, aunque el Señor nunca me ha faltado, aquel reencuentro cambió mi vida y la de los míos. Cuando me encuentro con la comunidad me empiezo a sentir capaz de cualquier cosa.

P. Entonces, ¿el servicio cambia tu experiencia de vida?

R. Soy una persona que quiere ver los efectos de mis acciones, soy vehemente y primaria, también soy afectuosa y cariñosa y me veía muy vacía. Descubrí que siendo Iglesia todo tenía sentido estuviese donde estuviese; cobró sentido desarrollar las tareas domésticas, escuchar a un hijo, atender a un vecino...Entonces cambió mi vida. Al crecer mis hijos pude integrarme en grupos y colaborar más y empecé a sentir mi vida tan llena que en ningún momento sentía que la había desperdiciado.

P. Eres una cristiana en acción permanente, ¿no es así?

R. Me dijo don Gaspar Bustos en unos ejercicios que yo era contemplativa en la acción, soy una persona que sin oración no respira, pero la acción me llena. Desde pequeña he sido responsable de mis tres hermanas menores y siempre eso me ha reportado mucha alegría, eso se extiende a los hijos, al resto de la familia y también a otros proyectos como el iniciado con mi hermana Mari Carmen, Hermana de María Inmaculada, con la que fundé la ONG Visub, Vida y Supervivencia. Ella está ahora en Mali y para reunir algo de dinero trabajamos mucho sin ver demasiado fruto, de modo que recurrimos al 0,7% que las instituciones destinan a proyectos de cooperación gracias a la colaboración de amigos que trabajaban en Diputación.

P. ¿Cómo te capacitas para ayudar?

R. Cuando descubrí que Dios me quería utilizar. Cada día al levantarme me digo "voy en tu nombre” y “donde yo estoy, Cristo está”. El mundo de hoy necesita gente que le acompañe. El espíritu Santo quiere actuar pero necesita elementos humanos. He estado al servicio de grupos. Y aunque en Cursillos de Cristiandad descubrí la comunidad, un lugar hecho para mí, mi compromiso es por el Bautismo. Siempre he estado en servicio permanente, no me limito al grupo, sobre todo hago acompañamiento personal.

P. ¿Y te buscan mucho?

R. Sí, como amo a la gente pienso que lo notan y tengo ese don, con facilidad me pongo en su lugar y eso las personas lo notan. Acompaño porque quiero a la gente y como estoy al servicio…Hay momentos en que no ver la eficacia me causa frustración, pero yo no voy a ser más que el Maestro y sé que no soy yo quien tiene que recoger el fruto, en mí solo está sembrar. Recurro a la Oración que me consuela y anima cuando algo no sale como quisiéramos. Aceptar la limitación en los tuyos propios es lo más purificador que hay, también es un signo de esperanza porque  todos estamos en manos del Señor. Soy una mujer de esperanza y como María esperó sin ver,  se que la voluntad de Dios se va a cumplir. Soy feliz en mi conciencia de fe, si no estoy ahí tiendo a quedarme en la realidad que me entristece. Dios quiere a las personas  a las que acompaño más que yo y ante eso ¿quién soy?. En mi docilidad, soy más eficaz para el Espíritu Santo.

P. Estás en acción permanente y eso tiene un efecto contaminante...

R. Mis hijos reconocen mi influencia pero no sé cómo lo hago. Vivo la vida con entusiasmo y con respeto hacia los demás. En casa hay lo que hay en el mundo, en mi familia hay hijos con gran compromiso eclesial y otros que viven la esencia del amor aunque no lo lleven a la Iglesia. Tengo que reconocer que esto no depende de mí pero si afirmo la esperanza de que están en manos de Dios.