Mensaje de los sacerdotes que celebran “bodas de oro”

Este año, siete presbíteros de la diócesis celebran el 50 aniversario de su ministerio sacerdotal. Ellos son: Francisco Aguilera, Santiago Baena, Francisco Caballero, Pedro Crespo, Manuel Cuenca, Antonio Gil y Manuel Hinojosa. Para conmemorar esta efeméride han escrito una nota que contiene resumidos en diez puntos sus recuerdos y muestras de agradecimiento. A continuación, pueden leer el mensaje íntegro.

Sacerdotes 50 AñosLos sacerdotes cordobeses que celebramos en este año 2015 nuestras Bodas de oro, nos hemos reunido durante varios días en una convivencia fraternal, junto al Señor, como pórtico para revivir gozosamente aquella fecha histórica de nuestra ordenación sacerdotal, el 28 de Febrero de 1965, y de nuestras Primeras Misas. Nos ha acompañado Alfonso Crespo Hidalgo, sacerdote cordobés que desarrolla su ministerio en Málaga, doctor en Teología Espiritual, ofreciéndonos hermosos paisajes sobre la vocación y el ministerio. Al final de nuestra convivencia, queremos dirigir un Mensaje cordial y fraterno a sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de la Diócesis, así como a todos los que hemos encontrado a lo largo de nuestro camino pastoral.

Primero, queremos comunicaros, ante todo y sobre todo, nuestra alegría y nuestro gozo más profundo por haber vivido durante 50 años nuestra vocación sacerdotal. Entonamos un himno de gratitud al Señor, que nos eligió, nos elevó a la categoría de amigos y nos envió a anunciar la Buena Noticia de su salvación.

Segundo, somos conscientes de nuestras luces y de nuestras sombras y debilidades, pero también experimentamos, junto al arrepentimiento, la misericordia y el perdón de Dios que nos acompaña y nos lleva de la mano, con infinita ternura y bondad.

Tercero, contemplamos nuestro sacerdocio como la “historia de una amistad entre Dios y nosotros”. Proclamamos con entusiasmo que ha merecido la pena estar con Él, seguirlo, imitarlo, amarlo por encima de los demás amores. Estar con Jesús es caminar con Él predicando, nunca en nombre propio, sino en su Nombre, y “amando hemos aprendido aquello que anunciamos enseñando”.

 Cuarto, durante 50 años, Jesucristo ha querido ejercer su sacerdocio por medio de nosotros. Por eso nosotros, necesitamos volver al momento en que nos impuso sus manos y nos hizo partícipes de este misterio. Con toda sencillez y humildad, queremos ofreceros nuestro testimonio constante de fidelidad y de amor a las promesas sacerdotales que, de nuevo, renovamos.

Quinto, evocando el momento de nuestra ordenación, aquel 28 de febrero de 1965, recordamos estos días que nuestras respuestas al escrutinio del Obispo, monseñor Fernández-Conde, que nos consagraba, no se referían al posible éxito o a la fecundidad de una labor pastoral, sino que prometimos responder a la gracia del sacramento con el esfuerzo gozoso de la fidelidad al rebaño que nos fue confiado, al ministerio de la Palabra, a la administración de los sacramentos, a orar sin desfallecer por el pueblo encomendado, a unirnos al único sacrificio de Cristo para la salvación de los hombres, y especialmente, a los pobres, a los débiles, a los necesitados, a tantos y tantos hermanos como viven en soledad y amargura.

Sexto, los sacerdotes cordobeses que celebramos nuestras Bodas de oro pedimos al Señor en esta hora la gracia y el gozo de la fidelidad, en un tiempo quizá de escasa fecundidad. Nosotros, en su Nombre, seguimos trabajando en su “viña”, lejos ya de éxitos juveniles, pero cultivando hasta el último instante nuestra entrega al Señor.

Séptimo, en este tiempo de constantes y difíciles encrucijadas, con tantos dramas personales, familiares y sociales, queremos transmitir nuestro más sincero mensaje de esperanza humana y cristiana. ¡No tengamos miedo! Dios tiene la última palabra de cada historia, y siempre es una palabra de compasión, de ternura y de amor infinito.

Octavo, en nuestras Bodas de oro sacerdotales, os comunicamos nuestra alegría interior y exterior, porque sentimos en lo más profundo del alma, que nuestras vidas han sido unas “vidas llenas, rebosantes de gracias y de dones”. ¡Estamos alegres y somos felices! Por eso, hemos elegido como lema de nuestras Bodas de oro, aquellas palabras del profeta Nehemías: “La alegría del Señor es mi fortaleza”.

 Noveno, recordando aquel primer gesto del Papa Francisco, en la plaza de san Pedro, la noche de su elección, tambien nosotros inclinamos humildemente nuestra cabeza, guardamos silencio y pedimos vuestras oraciones, sintiendo viva y ardiente aquella emoción de nuestra ordenación sacerdotal, mientras agradecemos de corazón el bien, la ayuda generosa y la colaboración constante que nos habéis ofrecido en estos 50 años.

Décimo, ¡gracias, hermanos y amigos, con nuestro mejor abrazo rebosante de júbilo y de esperanza!

Francisco Aguilera Jiménez

Santiago Baena Jiménez

Francisco Caballero Guerrero

Pedro Crespo Hidalgo

Manuel Cuenca López

Antonio Gil Moreno

Manuel María Hinojosa Petit

 

Córdoba, 28 de Febrero de 2015