“Me gusta ayudar mucho sin pedir nada a cambio”

Entrevista a Rafael Guerra, hermano mayor del Calvario organizador de la muestra de dulces conventuales

Su mandato como hermano mayor de la Hermandad del Calvario coincide en el tiempo con la celebración en el Obispado de la Muestra de Dulces Conventuales. Él fue el impulsor de esta cita pre navideña en sede episcopal y en esta edición, culminan ocho años de colaboración con las religiosas para acercarnos a los sabores de estas fechas. Son meses de preparación, en agosto comienzan las gestiones para este hito repostero de la Diócesis. Para Rafael Guerra esta es una manera de participar en la conservación de la tradición y también en el mantenimiento de los conventos cordobeses mientras saca tiempo para atender la papelería que regenta junto a su mujer, al lado del Colegio Salesiano de Córdoba, un lugar también de encuentro para el barrio de San Lorenzo en cuya parroquia presta servicio acompañando a los grupos prematrimoniales. A la educación salesiana y a su familia remite su fe cristiana entendida, sencillamente, como una vocación de ayuda al otro sin esperar nada a cambio.

P. En todos estos años como hermano mayor del Calvario ¿cómo valora la acción social de las hermandades cordobesas?

R. Es algo primordial, el día de la salida, de la estación de penitencia, es el colofón, pero debemos pensar en cada una de nuestras obras sociales, además de la que realizamos conjuntamente con la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba. En la Hermandad del Calvario, la muestra de Dulces Conventuales es la acción más visible de cada año pero también pedimos material escolar para niños necesitados y comida a lo largo del año. Creo que es en lo que hay que pensar, porque en las hermandades no solo mantenemos la vida cofrade, sino también debemos promover nuestra vida cristiana a través de la acción social.

P. La muestra de duces conventuales tiene mucho trabajo previo, ¿no es así?

R. Sí, en el mes de agosto comenzamos todos los años a ponernos en contacto con las comunidades religiosas que participan ya que muchas de las que se dedican a hacer este tipo de dulces comienzan en octubre la producción y también, a veces, ellas mismas se ponen en contacto con nosotros. Hay años que no se venden bien los dulces y entonces toman la iniciativa de innovar e intentan que tengan algún dato distintivo al año siguiente y situarse a la misma altura de otras muestras de dulces conventuales. Este trato genera mucho cariño hacia ellas y es un gesto de confianza dejar en nuestras manos la organización de la muestra.

P. Además de vida cofrade, tienes una intensa vida parroquial en San Lorenzo, ¿no es así?

R. Pretendo ser un cristiano en acción y en activo y mi mujer y yo estamos muy vinculados a la Parroquia de San Lorenzo a través de la Hermandad. El párroco ha reactivado mucho los grupos de catequesis y como matrimonio hemos impulsado unos grupos de familia que están funcionando muy bien. Me gusta ayudar mucho pero sin pedir nada a cambio, para mí eso es primordial, porque si pides algo a cambio mal empezamos. Unos de los valores más enraizados en mi es ese, el de ayudar.

P. ¿Cómo está la comunidad cristiana en San Lorenzo?

R. Día a día está creciendo porque Rafael Rabasco ha reactivado los cursillos de bautismo y prematrimoniales, además de los grupos prematrimoniales y de familia en los que colaboramos mi mujer y yo. Esta parroquia es una insignia religiosa y cofrade. En los cursillos prematrimoniales llegamos a contar hasta dieciocho parejas que quiere casarse así, allí es todo emotividad y por eso los nuevos esposos la eligen. La gente busca al Señor, en el mundo en que vivimos tan difícil cada feligrés hace comunidad como se lo permiten sus circunstancias,  algunos parece que solo acuden a su misa dominical,  pero realmente están dispuestos a ayudar en lo que se les necesite. Cada persona tiene un sentir cristiano diferente, lo normal es que cada uno desarrolle los valores que le han dado en casa desde pequeño. A mí y a mi mujer nos han dado valores cristianos que hemos transmitido a nuestras hijas y espero que ellas hagan lo mismo el día que sean madres. En eso confío.