Los escolares, protagonistas de la jornada de la Cruz en la ciudad

El regalo del Beato Juan Pablo II a los jóvenes recorrió los colegios religiosos de la ciudad durante toda la mañana del viernes, acompañado por miles de alumnos que protagonizaron la jornada más intensa de la ciudad. Por la tarde, visitó los lugares de sufrimiento de la Diócesis.

Con gran alegría, los escolares de los colegios religiosos de Córdoba se fueron uniendo al itinerario de la Cruz por distintos lugares.
La primera parada fue en la parroquia de San Nicolás, donde el párroco Antonio Evans dirigió unas palabras a todos los presentes, acompañado del sacerdote de la prelatura del Opus Dei Juan Luis Selma. Allí, un grupo numeroso de jóvenes se unieron a ella para acompañarla hasta la Plaza de la Trinidad, donde la acogida fue todo un espectáculo de múltiples colores, música y jóvenes gozosos por la presencia de la Cruz.
Más de trescientos globos volaron por la plaza junto a una lluvia de pétalos para darle la bienvenida. Mientras tanto, 2.000 personas ataviadas con camisetas rojas y blancas de la Jornada Mundial de la Juventud, cantaron y bailaron el Himno de la JMJ de Madrid "Firmes en la fe", al ritmo del grupo musical que actuó en la plaza.
En el escenario habilitado para la ocasión, el párroco de la Trinidad, José Juan Jiménez, aclamó entre los jóvenes: "¡Cristo está vivo!" y les recordó que la presencia de este símbolo es fruto de alegría y santidad para todos.
Mientras tanto, los más pequeños permanecieron en la puerta de la parroquia con banderas, junto a una ofrenda floral de papel con el símbolo de la JMJ realizada por los alumnos, que después fue depositada ante la Cruz.
Tras una oración, todos pudieron besarla y tocarla antes de despedirse y continuar hasta el colegio de las Esclavas, donde cientos de niños le dieron la bienvenida entre banderas y aplausos.
Continuando su recorrido por la plaza de San Juan, Jesús María y Santa Victoria, la Cruz llegó de nuevo a la Compañía repleta de alumnos y fieles que se sumaron a ella durante el recorrido. Tras una celebración de la Palabra, pusieron el símbolo de cada colegio a los pies de la Cruz.
El Colegio de la Piedad fue el siguiente al que llegó cruzando por la Corredera. En la puerta, los jóvenes levantaron la Cruz y tuvo lugar una breve oración. Desde allí, más de 2.000 jóvenes unidos en procesión, llegaron hasta la Basílica Parroquia de San Pedro, engalanada para la ocasión. Portada por escolares, la Cruz se adentró en el templo donde se hallan las reliquias de los Santos Mártires.
Antes de llegar a la Catedral, hizo dos paradas más, una en el Monasterio de Las Clarisas y otra en la parroquia de San Francisco.
El cortejo de los jóvenes con banderas blancas y rojas de la JMJ llegó a la Puerta del Perdón a las 13:30 horas. Entre cantos y saltos de alegría, la Cruz y el Icono de la Virgen entró hasta el Patio de los Naranjos que se encontraba abarrotado de escolares. Allí, el Sr. Obispo explicó que "esta Cruz que ha ido pasando por los colegios durante todo el día, llegaba a un lugar de unidad como es la Iglesia donde el Obispo tiene su Cátedra, la Santa Iglesia Catedral".
Comenzó su intervención aclamando un mensaje para los jóvenes: "Jesucristo quiere ser tu amigo". Con estas palabras, D. Demetrio Fernández explicó a los jóvenes que la Cruz es una propuesta de amistad de Jesucristo y una propuesta de su amor. Asimismo, pidió que "el paso de la Cruz por la ciudad y por la Diócesis de Córdoba sea para todos una invitación a intensificar la relación de amistad con Jesús".
D. Demetrio Fernández concluyó animando a los jóvenes a participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid.
Jornada de la tarde
Antes de partir para el Centro Penitenciario, el icono regalado por Juan Pablo II se desplazó hasta la Virgen de los Dolores en San Jacinto, donde numerosos ancianos y enfermos tuvieron la oportunidad de besarla.
Portada en el furgón de la JMJ por los voluntarios de la Delegación de Juventud, llegó al Centro Penitenciario a las 17:00 horas. En su interior, la esperaban todos los residentes que quisieron venerarla en un acto preparado por la Delegación de Pastoral Penitenciaria. El Sr. Obispo se dirigió a ellos recordándoles que "todos somos pecadores, porque todos hemos cometido algún delito apartándonos de Cristo. Sólo Jesucristo y su Madre están libres de pecado". Instó a los residentes a dejar que Jesucristo entre en su corazón y les dé la alegría de ser discípulos suyos.
Junto a la Cruz alzada en el centro del escenario y sostenida por voluntarios y residentes, Mons. Demetrio Fernández manifestó que "cada uno llevamos nuestra propia Cruz, ya sea de enfermedad, condena o cualquier otra cosa". "Jesús viene a aliviarte para que tu Cruz sea más llevadera. ¡Acógela!, acoge a Jesús en tu corazón y pon tus ojos en esta Cruz Redentora que quiere hacerte plenamente libre", afirmó.
Tras estas palabras, los presentes se acercaron a besar la Cruz y la acompañaron hasta la puerta del Centro Penitenciario, de donde se marchó para el Hospital Reina Sofía.
Entre lágrimas, los enfermos la recibieron en el Salón de Actos y ante ellos, una madre que había perdido en un accidente a su marido y a sus dos hijos, contó su testimonio y cómo gracias a la fe está teniendo fuerza para superar este duro golpe. Además, el sacerdote Carlos Giménez relató su enfermedad. Antes de marchar, D. Demetrio pidió por todas las personas que están en el lugar acabando sus días, para que la presencia de la Cruz les lleve la fortaleza y la esperanza.
La última cita de la tarde fue en la Casa San Pablo de Cáritas. Un lugar en el que las personas mayores acogieron su presencia con gran devoción. Emocionados, rezaron con el Sr. Obispo , quien quiso resaltar la labor que Cáritas realiza en la sociedad.
La jornada finalizó con el traslado de la Cruz y el Icono de la Virgen hasta el Monasterio de las Madres Salesas, donde pasó la noche en adoración al Santísimo rodeada de cientos de fieles, entre los que se encontraban los seminaristas menores.