“Los cristianos debemos sonreír más para mostrar al mundo que Dios nos hace felices”

Patricio Ruiz (37 años) nació en Santa Eufemia, fue ordenado el 25 de junio de 2005 y actualmente está de párroco en San Juan Bautista y San Isidro Labrador de Hinojosa del Duque

 

P. ¿Qué te llevó al sacerdocio?

R. Me llevo al seminario el testimonio alegre y trabajador de los curas que han servido mi parroquia desde mi niñez. Veía en sus personas que me querían sin más. Que confiaban en los jóvenes que rondábamos la parroquia. Veía en su entrega un amor a Cristo en la Eucaristía que me fue enamorando de este Señor que, fiablemente, me llamo desde la custodia para ser solo suyo.

 

P. Y, ¿cómo conociste a Jesucristo?

R. Gracias al testimonio de mi abuela materna, que no dudó en enseñar a su nieto a rezar desde que empezó a hablar. Aún recuerdo como me cogía la mano para enseñarme la señal De la Cruz y a persignarme. Lo recuerdo como si fuera hoy. A ella se lo debo. Y se lo agradezco cada vez que puedo en la misa. Estoy convencido que el Señor le ha dado un lugar hermoso junto a Él. Gracias, abuela.

 

P. ¿Cómo describirías tu vida sacerdotal?

R. Pues mi vida sacerdotal es apasionante. No tengo dos días iguales. Hoy puedo estar en diez tareas y mañana en otras diez distintas. Un cura diocesano es el cura de la calle, el cura de todos. Y todo, porque el Señor nos envió a llevarle a Él, a todos los que nos encontráramos. No me aburro, vaya.

 

P. ¿Cuáles han sido los retos más simbólicos que has enfrentado como sacerdote?

R. Muchos retos se nos plantean. Pero quizá uno más elevado es hacer soñar a los cristianos con el Cielo y pelear por él. Se nos está colando la mentalidad de que esta es la única vida posible y se nos olvida que la mejor es la que Cristo nos ha prometido a su lado.

 

P. ¿Qué experiencias como sacerdote te han dejado más impactado?

R. La experiencia que más me ha marcado, con diferencia, fue el día de mi ordenación sacerdotal. Lloré sin parar durante tres horas de reloj, al igual que mis compañeros. Era feliz. No me lo podía creer. Era lo más grande que un ser tan chico como yo, podía imaginar y desear. No me lo merecía y sigo sin merecerlo. Pero puedo decirte que ha sido el día más grande de mi vida. Es muy grande esta vocación y deseo que los que la sientan, digan que sí, a pesar de los miedos, porque no hay nada comparable.

 

P. ¿Cuál consideras que es la tarea más difícil para un sacerdote?

R. La tarea más difícil para un cura, creo que es, hacer santos de carne y hueso. Don Gaspar nos decía que somos los que limpiamos las cañerías que nadie ve. Pero porque no se vea, no quiere decir que no sea una labor menos importante. Y aunque difícil, es apasionante.

 

P. ¿Y la más fácil?

R. La tarea más fácil para mí, creo que es sonreír. La madre Teresa decía que la paz empieza con una sonrisa. Es sacar a la cara, lo que llevas dentro, que no es otro que al Señor. Y como mi grupo de infancia y adolescencia lo hemos hecho siempre porque éramos muy felices en la parroquia, se me quedó esa bonita manía. Los cristianos debemos sonreír más. No para aparentar nada, sino para mostrar al mundo que Dios nos hace felices.

 

P. Junto a los jóvenes, ¿qué es lo que más te llama la atención de ellos?

R. De los jóvenes me llama la atención las ganas que tienen de vivir experiencias fuertes y cosas grandes. Es por ello, que si les queremos dar adrenalina de la buena, pongámoslos frente a frente con Dios. Es lo más.

 

P. Al frente de tu parroquia, ¿cómo te sientes? ¿Qué has podido palpar en este tiempo?

R. Bueno, con mucha responsabilidad porque hay que sacar adelante muchas cosas: sacramentos, eventos, archivo, patrimonio, economía. Pero sobre todo, salvar almas. Pero feliz de acompañar a tantos, que se han decidido por nadar a contracorriente y seguir el Evangelio de la vida. Para eso fuimos inventados el jueves santo.

En mis 13 años de cura he servido la colonia de Fuente Palmera y actualmente, las de san Isidro y san Juan Bautista de Hinojosa. Y he palpado muchas cosas, pero me quedo con algo muy sencillo. La gente quiere a los curas. Es algo fundamental. Hay quien piensa que lo que sale en la tele es lo único real. La realidad de las parroquias es la auténtica. Y hay mucha gente que nos quiere. Para el corazón de un sacerdote, eso es muy importante.

 

De manera breve

Nombre completo: Patricio Ruiz Barbancho

Edad: 37

Lugar de nacimiento: Santa Eufemia

Un recuerdo de tu niñez: mi grupo de amigos

Define tus años en el seminario: los mejores de mi vida

Tu comida favorita: un arroz con todo

Tus aficiones y gustos: salir o rezar en el campo, pasarlo bien con mis amigos

Tu mejor amigo: el Escondido del Sagrario

Tu cura: Antonio Mora, Nacho Sierra y D. Gaspar

Un deseo: que los niños y los jóvenes conozcan a Cristo

Rezas por…: las vocaciones sacerdotales