“Lo más importante es el amor de los esposos”

El pasado viernes se clausuró la XXIII Semana de la Familia que se ha venido celebrando del 8 al 13 de abril bajo el lema “50 años de la Humanae Vitae, una encíclica profética”. La conferencia de clausura versó sobre Naprotecnología y tuvo lugar en el salón de actos del Obispado

“Tecnología de la procreación natural”, esa es la traducción literal de Naprotecnología, que aplica conocimientos médicos y quirúrgicos actuales al diagnóstico y tratamiento de factores de esterilidad conyugal. Con la Naprotecnología, no se necesita recurrir a tratamientos que lesionan en muchas ocasiones la fertilidad de los cónyuges y su salud general. La XXIII Semana de la Familia ha sido el marco donde Venancio Carrión y Jordina Fadrés darán su testimonio de cómo la Naprotecnología puede obrar el milagro de la vida sin recurrir a técnicas artificiales. Este matrimonio, que vivió un episodio de infertilidad de seis años, son hoy los receptores de muchas preguntas y dudas de centenares de esposos a los que acompañan  en la búsqueda de la fertilidad.

¿Cuáles son los fundamentos esenciales de la Naprotecnología?

Cuando hablamos de Naprotecnología  hablamos de medicina: es una actitud médica. Se puede aplicar a la salud femenina,  desde que tiene la menstruación una joven puede ser atendida, pero tiene una aplicación muy práctica en el análisis de la esterilidad en el matrimonio. El punto de partida esta tecnología, a ser muy respetuoso con la naturaleza de acto conyugal, primero busca la salud de los cónyuges y después da el paso a ayudarles en la procreación.

Usted y su esposa reciben cientos de llamadas de esposos que no ven cumplido su sueño de  ser padres ¿en qué condiciones llegan?  

Vemos situaciones de diferente índole. Nos llaman matrimonios mayores después de haber recurrido a técnicas in vitro u ovodonación, son personas muy dañadas y con poca esperanza a las que hemos tenido que acompañar en este camino hacia la salud. Es cierto que nos están llamando cada vez más matrimonios jóvenes que llevan tres o cuatro años sin tener hijos y también nos llaman jóvenes que advierten irregularidades en sus ciclos.

Frente a todo esto de “no poder tener hijos”, juega un papel destacado la auto-culpa, ¿cómo aliviaría a todas esas parejas que están pasando por un momento así?

El punto de partida de la Naprotecnología es que ni la esterilidad ni la infertilidad hay que considerarlas como una enfermedad,  sino como un síntoma que se da en el matrimonio, en la relación de los dos y por tanto, aquí no hay culpables. Se aplica un protocolo femenino y masculino para encontrar causas masculinas y causa femeninas. La esterilidad e infertilidad es resultado de la relación de los dos. Es por tanto, una vivencia matrimonial donde no hay culpables. Muchas veces va a haber factores femeninos y masculinos. A veces, nos llaman varones sin que todavía lo sepan las esposas pensando que están fastidiando la vida a su mujer porque no pueden tener hijos, nosotros les ayudamos a ver que la infertilidad es de los dos y uno no tiene que sentir culpabilidad. A veces, incluso matrimonios creyentes recurren a técnicas de reproducción, se dan este tipo de cesiones porque se siente el peso de la culpa. Ayudamos a acompañar para comprobar que debe imponerse un planteamiento médico: vamos a diagnosticar para ver si puede haber un tratamiento. En definitiva lo más importante es el amor de los esposos.

Como católicos ¿qué dudas más frecuentes os consultan?

Al principio la gente llama porque hay un desconocimiento sobre qué es la Naprotecnología y quieren saber en qué consiste, se preguntan en qué consiste, si es algo nuevo, diferente. Después nos encontramos, por ejemplo, matrimonios en que el varón nunca se ha hecho una prueba diagnóstica seminal y nosotros indicamos otro protocolo que les libera de sus dudas.

Este es un sistema que puede marcar un antes y un después en la vida de muchas parejas en tanto que a través del propio cuerpo, masculino y femenino, se descubre la Teología del cuerpo de San Juan Pablo II ¿cómo podemos explicar esto?

Mi mujer y yo que solemos ser muy técnicos cuando recibimos las llamadas porque tenemos que preparar a los esposos para cuando acudan a las doctoras. Nos sorprende que hay matrimonios que en las segundas o terceras llamadas nos cuentan cosas que están experimentando, nos dicen que se sienten más unidos a sus parejas: hablan más,  el marido entiende mejor a la mujer porque conoce sus ciclos. Es decir, todo esto nos lleva a una experiencia matrimonial de comunión que da sentido añadido al matrimonio, una vivencia que nos acerca  a un punto de vista teológico por el que el día de mañana habremos de tener una experiencia de comunión con Dios. El papel esencial de esta comunión es el respeto absoluto a la naturaleza del acto conyugal, esta sexualidad  tiene un sentido muy profundo, el que aparece en la Teología del cuerpo, cómo el cuerpo nos tiene que llevar a Dios.

¿Cuánto cuesta este tratamiento?

Es una pregunta frecuente de los matrimonio. Esto no es una técnica de reproducción que no se ajusta  a ciclos, éste es un planteamiento médico, por tanto, se van dando pasos paulatinos. Se necesita de un primer paso que es el modelo Creighton, que si puede suponer un gasto de unos trescientos euros ya que son nueve sesiones con el acompañamiento de una monitora que enseña a reconocer la fertilidad mediante la observación del moco cervical y que va a acompañar al matrimonio durante diez u once meses al matrimonio. El siguiente paso es visitar a la especialista privada y pruebas analíticas, más medicación. En nuestro caso, con una asistencia de diez meses representó un gasto de unos tres mil cuatrocientos euros. Era un caso en el que están afectados tanto el hombre como la mujer y la partida más cara fue la medicación. Sirve de orientación.

¿Cómo podría definir este tiempo de infertilidad conyugal que Jordina y tú conocisteis?

Se extendió a los seis años y medio que fue cuando empezamos este tratamiento con la doctora María Victoria Mena. Nuestros amigos nos lo describen desde fuera, siempre tuvimos un gran entusiasmo y estábamos en búsqueda después de cinco años de matrimonio queríamos opciones médicas, que fueran viables y que moralmente no representara un daño para nuestra unión conyugal. Llegamos a contemplar la adopción. Hemos vivido un periodo de sufrimiento, pero siempre con la esperanza de encontrar algo, hasta llegar a la naprotecnología. Si, ha habido sufrimiento pero también mucho espíritu de búsqueda, gracias a mi mujer que siempre mantuvo la esperanza hasta el punto de que tras buscar especialistas en naprotecnología sin éxito, pensamos en la adopción y después regresamos a la naprotecnología. Es el camino que Dios nos ha permitido recorrer en seis años y gracias a eso podemos ayudas a otros matrimonios y sentirnos identificados.

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