La LOMCE, una reducción de derechos

20150227 COREntre este curso y el que viene se está poniendo en marcha la nueva ley de educación, la primera que realiza el Partido Popular en la historia de nuestra democracia. La llamada LOMCE incluye modificaciones importantes en el “status” de la materia de religión en las escuelas. En estos días, muchos medios de comunicación de corte laicistas se encargan de enmarañar el debate sobre estos asuntos. “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Sin embargo, una sana visión del hombre y de la sociedad, sea cristiana o no lo sea, no puede renunciar a algunos principios básicos:

  1. La educación es un asunto que corresponde por derecho a los padres. El Estado no debe decidir nunca sobre nuestros hijos.
  2. No debe de haber nada ni nadie que conculque este derecho, que además está recogido en las leyes fundamentales: carta de los derechos humanos y constitución.
  3. Las leyes, por lo tanto, deben proteger los derechos fundamentales, nunca eliminarlos ni limitarlos.Lo que hace un Estado en materia de educación es sólo una tarea subsidiaria, es decir, se encarga de educar en materias asépticas –matematicas, literatura, lengua, geografía…- que nada tienen que ver con los valores y creencias que cada padre quiere transmitir a sus hijos.

Entonces ¿qué papel debe jugar el Estado en la educación de nuestros hijos?

Lo que hace un Estado en materia de educación es sólo una tarea subsidiaria, es decir, se encarga de educar en materias asépticas –matematicas, literatura, lengua, geografía…- que nada tienen que ver con los valores y creencias que cada padre quiere transmitir a sus hijos.

Sin embargo la “ley de Wert” –así es conocida la LOMCE- si no elimina el derecho de los padres lo reduce al mínimo. Con la nueva ley de educación nos encontramos por ejemplo con:

  1. Las comunidades autónomas pueden reducir la religión a 45 minutos semanales. Podemos ya suponer lo que ocurrirá en Andalucía… 45 minutitos de religión para los niños y niñas de primaria y secundaria, y basta.
  2. Pero el caso del bachillerato parece ser que es más flagrante aún. La ley prevé que es el centro el que decide si la materia de religión se oferta. No es de recibo que sea el director, el equipo directivo, o el consejo escolar, el que debe decidir que en ese centro la religión queda excluida.
  3. Esta reducción, limitación o conculcación del derecho de los padres es muy grave. Lo que está en juego es la libertad, la libertad en nuestro país. La libertad para poder vivir en el ámbito público manifestando la propia identidad sin tener que censurarla. Es necesario que España siga siendo un espacio de libertad. Hoy se está queriendo imponer un criterio único, como en tiempos no muy lejanos lo hicieron las dictaduras. El criterio único se identifica con el laicismo - ¿les suena el slogan “escuela pública y laica?”-, pues eso, se intenta imponer un modelo de persona arreligioso, exigiendo que las religiones sean expulsadas del ámbito público.

La educación no es una propiedad del Estado. Si el Estado se identifica con una educación única e igualitaria para todos, no sólo se impedirá a los padres una educación libre para sus hijos, sino que habremos caído en una concepción “estatalista”, con consecuencias terribles para nuestra sociedad. Pues ya no es el pueblo que dice libremente, sino aquellos que tienen el poder.

Eliminando el sentido religioso de la persona, se reduce al hombre a ser una mera pieza en la organización social. Censurar el sentido religioso es recortar a la persona humana, despojarla de las preguntas fundamentales que le hacen buscar, que le hacen interesarse por la realidad. Se necesitan hombres libres y esto no será posible si se elimina en la educación la dimensión religiosa del hombre. Defender el espacio de libertad que es la educación religiosa escolar, es mucho más que defender una asignatura.