La JMJ y las cofradías de Córdoba

Por Blas Jesús Muñoz

 “Queridos jóvenes, ojalá que el título de la Misión ciudadana se convierta en programa y estímulo de toda vuestra jornada. Dirigid vuestra mirada a María, Madre de la Iglesia y Estrella de la evangelización. Toda su vida os muestra que nada es imposible para Dios. Imitándola e invocándola constantemente, podréis llegar a ser como Ella, portadores de alegría y amor. Junto a Ella, joven Virgen de Nazaret, aprenderéis a mirar vuestra vida diaria como un crisol donde el Señor os llama a realizar su proyecto de salvación. Gracias a su protección maternal, no os faltará nunca el vigor apostólico y misionero".

Estas palabras del Santo Padre Juan Pablo II, pronunciadas en 1997, lejos de perder actualidad, casi tres lustros después, cobran más vigor y fuerza. El propio Concilio Vaticano II ya se hacía deponente de la capitalidad de los jóvenes inscritos en el seno eclesial: “La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante «reforma de vida» se vuelve a vosotros. Es para vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, porque la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir.” Mientras que, apenas medio siglo después, el Sumo Pontífice Benedicto XVI también ha resaltado el papel principal de la juventud de cara a la transmisión y fortalecimiento de la fe en la sociedad contemporánea al expresar que ésta, marcada en nuestro tiempo por innumerables cambios sociales, espera vuestra aportación para construir una convivencia común menos egoísta y más solidaria, realmente animada por los grandes ideales de la justicia, la libertad y la paz. Esta es vuestra misión, queridos jóvenes amigos. Trabajemos por la justicia, por la paz, por la solidaridad, por la verdadera libertad.
Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe, el tema de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud se muestra como un vehículo eficaz y necesario que nos ayuda a crecer como católicos a través de la confesión pública de nuestra fe. Las hermandades de Córdoba no son ajenas tanto a su compromiso con esta celebración como a su apuesta por ser garantes de la transmisión de valores tan fundamentales para seguir edificando una sociedad tan necesitada de principios firmes que huyan de la nefasta influencia del relativismo y nihilismo en que nos han pretendido sumir las corrientes herederas de la postmodernidad. Así pues, nuestras corporaciones cofrades, siempre preocupadas por dicha propagación, se hacen eco de la significación de la juventud como base para un progreso que debe ser afianzado entre los jóvenes; de tal manera que, el Encuentro que tendrá lugar en Madrid durante el mes de agosto, se ofrece como una oportunidad en pos de mostrar no sólo un compromiso, sino una apuesta decidida por participar activamente en la misión a la que Cristo nos llama como cristianos, católicos y cofrades.

La Misión Juvenil
La Misión Juvenil ha supuesto un incuestionable punto de inflexión de cara a los preparativos y al empeño de la diócesis en formar parte activa de las JMJ, destacando sin lugar a dudas, el preeminente papel desempeñado por la Delegación Diocesana de Juventud.
De esta forma, el pasado 19 de febrero tuvo lugar la culminación de la Misión Juvenil con el traslado de la imagen de la Inmaculada Concepción –Titular de la cofradía del Santo Sepulcro- a la Santa Iglesia Catedral. La peregrinación y posterior Eucaristía, presididas por Mons. Demetrio Fernández, dieron muestra una vez más del compromiso de los jóvenes de nuestra diócesis con la fe católica. La asistencia de fieles plasmada en la ciudad, desde el prólogo de la jornada en el Patio de los Naranjos de la S.I.C. hasta la brillante culminación en el cortejo que retornó a la Iglesia de la Compañía con la venerada talla de la Purísima, constituyó -mucho más que un éxito- la muestra del compromiso y entusiasmo incuestionable de los movimientos juveniles diocesanos con la cita que regirá el Santo Padre.
A través de numerosos grupos de jóvenes, las hermandades cordobesas no sólo tuvieron protagonismo a nivel representativo en la jornada, sino que aportaron su esfuerzo y su trabajo, de la misma forma que lo vienen haciendo durante los últimos años, especialmente, por medio de campañas en las que prima la acción social tales como las dos ediciones navideñas de la operación kilo de la juventud cofrade, gracias a la cual se ha podido colaborar con Cáritas con varias toneladas de alimentos para los más desfavorecidos en el plazo de los últimos doce meses. En consecuencia, no se podía esperar sino una respuesta decidida que quedó manifiesta a todas luces.
Por otra parte, el movimiento cofrade también quedo patente en la labor organizativa tanto de la agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba como de la Hermandad del Santo Sepulcro. La primera llevó a término una significativa tarea de coordinación a fin de que se desarrollara con fluidez el aspecto lúdico del día. Mientras que la segunda dedicó todo el esmero a dotar de esplendor una fecha que ya forma parte de la memoria viva de la fe de los cordobeses. Esplendor proyectado en la alegría y amor de María, Sin pecado concebida, que siguiendo las palabras -al principio mencionadas- de Juan Pablo II nos han de conducir al inagotable proyecto evangelizador al que estamos llamados y que las cofradías comprenden como parte esencial de su labor apostólica.

Las hermandades y la JMJ
Para quienes se acercan por vez primera al ámbito de las cofradías, quizá, lo que más resalte sea su aspecto devocional y estético que sobresale en Semana Santa. Estas páginas ven la luz al inicio de la Semana de Pasión, cuando se rememoran los hechos centrales de nuestra fe. Es un período para la reflexión y la celebración de la Resurrección del Verbo Encarnado. Para el cofrade supone un punto cenital puesto que las corporaciones nazarenas son garantes de una piadosa tradición que nos conduce a Cristo. Sin embargo, también es consciente de que el caudal inmenso del Amor del Padre no se agota en una semana ni en la vigilia que la precede durante cuarenta días. Para mantener la actualidad del mensaje cristiano hay que partir del esfuerzo cotidiano y avanzar a través de él y de esa forma, mantener y acrecentar esa tradición heredada. Y ésta siempre se deposita en quienes nos suceden. La Iglesia es muy consciente de ello y las hermandades, inscritas en su filial seno, tampoco lo soslayan.
Partiendo de tales premisas, la juventud se ofrece como garantía necesaria y las más de veinte ediciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud dan prueba de ello. Este 2011 tenemos la suerte de que se celebren en nuestro país y, al igual que nuestra diócesis, las cofradías de Córdoba han querido ser parte constitutiva de las mismas. De esta manera, su participación no quiere ser testimonial como ya se puso de manifiesto el pasado 19 de febrero. Las diversas corporaciones de la ciudad están pues, difundiendo entre sus miembros la importancia de este evento, preparando su asistencia y deseando recibir a los jóvenes, venidos de distintos lugares, que se concitaran en nuestra ciudad.
La Cruz de los Jóvenes hizo su primera peregrinación en el mes de julio de 1984, trasladándose a Munich. Esa Cruz que, durante los próximos días veremos transitar en procesión por las calles de nuestra ciudad gracias a nuestras cofradías, será preludio de la que caminará hacia Madrid en agosto y que las hermandades de Córdoba acompañarán con el deseo decidido de formar parte de la herencia viva de Cristo en nuestras vidas.