¡Juan Pablo II es beato!

Toda la Iglesia celebró la beatificación de Juan Pablo II el pasado 1 de mayo. Una celebración que congregó a un millón y medio de personas en la plaza de San Pedro del Vaticano y en las inmediaciones, pero también fueron muchos los que la siguieron desde sus hogares en todos los países del mundo.

Desde tempranas horas comenzaron a llegar los primeros peregrinos a la plaza de San Pedro, y entre ellos, muchos cordobeses que quisieron estar presentes en la ceremonia dedicada al que fue sucesor de Pedro del 18 de octubre de 1969 al 2 de abril del 2005. De la Diócesis de Córdoba han acudido decenas de fieles entre los que han ido con la Delegación Diocesana de Peregrinaciones, los jóvenes de la Delegación de Juventud, sacerdotes, familias etc. Una experiencia que han vivido con mucha ilusión y entusiasmo.

La Misa de beatificación presidida por Benedicto XVI, comenzó a las 10 de la mañana, en el II Domingo de Pascua y anteriormente, tuvo lugar una vigilia de preparación. Además iglesias como Santa Agnese in Agone, en Plaza Navona; San Marco al Campidoglio; Santa Anastasia; Santíssimo Nome di Gesú all'Argentina; Santa Maria in Vallicella; San Giovanni dei Fiorentini; San Andrea della Valle; San Bartolomeo all'Isola,permanecieron toda la noche abiertas para la oración.

Durante el rito de beatificación Benedicto XVI leyó una biografía del nuevo beato en la que hizo un recorrido por los pasajes más destacados de su historia y señaló algunas de las palabras que han marcado la vida de tantos fieles. Tras la lectura de la fórmula de beatificación, en medio de las aclamaciones, se descubrió la fotografía de Juan Pablo II.

Benedicto XVI alabó la figura del Siervo de Dios Juan Pablo II con estas palabras: “Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento”.

De este modo, manifestaba que “el perfume de su santidad” que se percibía desde el día de su fallecimiento ha conseguido que la Iglesia acelerara la causa de su beatificación y por fin “¡Juan Pablo II es beato!”.

En ese día, Solemnidad de la Divina Misericordia, y también el comienzo del mes María se celebró esta fiesta que tuvo lugar “bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro” manifestó.

Y continúa: "Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen Gentium”.
Karol Wojtya, durante toda su vida tuvo a María como imagen y modelo de santificación y según recuerda su predecesor, el nuevo Beato escribió en su testamento: "La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio". Y añadía: "Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II” un regalo para la Iglesia que le impulsó para invitar a los jóvenes a no tener miedo a ser cristianos. “¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!" anunció en las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Con Juan Pablo II se abre la puerta al Tercer Milenio, al “umbral de la esperanza”, afirma. Un camino que se inició con la preparación al Jubileo del año 2000 y que orientó el futuro de la Iglesia. De este modo, en la actualidad, seis años después de su amargo adiós, los fieles continúan encomendándose en sus oraciones para llevar a cabo en su vida diaria el testimonio de Cristo y e intentar colaborar en la construcción de “la civilización del amor”.

Al finalizar la celebración, los peregrinos pasaron a venerar la tumba de Juan Pablo II, situada en el altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro. A partir de ahora, todos los fieles celebrarán el día 22 de octubre la fiesta de beato Juan Pablo II.

 
Programa de actos para la beatificación de Juan Pablo II