IV Proyecto Calcuta

Este verano un grupo de 16 jóvenes han tenido la oportunidad de vivir durante un mes la experiencia de servir a los más pobres de entre los pobres en Calcuta.

calcuta09La labor diaria de estos jóvenes ha consistido en ayudar a las misioneras y servir a los pobres en algunos de estos centros que las Misioneras de la Caridad tienen en esta ciudad: Kaligath, Santi Dan, Sishu baban y Daya Dan. Los voluntarios se repartieron por los centros, donde asistieron y acompañaron a moribundos, mujeres con problemas mentales, niños discapacitados físicos o psíquicos y niños huérfanos o abandonados.

Cada mañana, acudían a la Casa Madre de las Misioneras para celebrar la Eucaristía con el resto de voluntarios y tras el desayuno que compartían, se marchaban a cada uno de los centros. En el trabajo de cada día, el Señor les ha ido enseñando a conocer a las personas, a amarlas, a comprenderlas, a servirlas, a reír y a disfrutar con ellas a pesar de las dificultades en las que viven. Además, reconocen sentir como el Señor se sirve de nosotros para demostrar su Amor, e incluso te hace superar el miedo, asco o ridículo que se pudiera sentir.

Por las tardes, tenían la Adoración al Santísimo, momento clave donde el Señor te abre el corazón y donde mirándole cara a cara, más que nunca, pudieron sentir el abrazo del Padre y el profundo amor que nos tiene. En estas tardes de oración, es donde el trabajo, el sueño, el calor u otras dificultades tienen sentido vivirlas y sentirlas y se hacen más llevaderas, hechas desde el amor a Cristo y a los hermanos. Con poco que te des al Señor, mucho más grande es el consuelo y paz que nos regala.

No menos importante en estos días, fueron los momentos vividos con el resto de compañeros. Todas las noches tras la cena en comunidad, los 16 jóvenes compartían las experiencias vividas a lo largo del día. Para uno de los jóvenes “fue muy importante porque el Señor me enseñaba muchísimo a través de lo que los demás estaban viviendo y experimentando; ver como también iba tocando sus corazones, y cómo cada uno iba respondiendo al Señor. Compañeros a los que agradezco enormemente su ejemplo, apoyo y cariño con todos, y por los que doy gracias a Dios, por haberlos puesto en mi camino para compartir con ellos esta experiencia”.

Este joven manifiesta que “a pesar la pobreza extrema con que se vive en este país, a pesar de las cosas que puedan resultar desagradables a la vista o del malestar del que a veces se resiente tu cuerpo, todo este lugar puede resultar maravilloso si lo vemos con los ojos que lo veía la Madre Teresa de Calcuta, con los ojos de Dios”.

Como cita el programa para vivir bien de la Madre Teresa: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”.