Inmigrantes, la riqueza de la Iglesia en Córdoba

Este domingo, 14 de enero, se ha celebrado la Jornada Mundial de las Migraciones con el lema del Papa Francisco “Acoger, proteger, promover e integrar a los inmigrantes y refugiados”

Ecuador es el país de origen de Lourdes y Patricia, Valeria es colombiana. Allí aprendieron a amar a la Iglesia. Las tres llegaron a Córdoba hace ya algún tiempo con el firme propósito de impulsar sus vidas laborales y dignificarlas  a través de un trabajo con el que ayudar a los que quedaron atrás. El desarraigo, la soledad y  una lenta adaptación a nuestras costumbres componen un estado de carestía  que han podido superar con grandes dosis de sacrificio y la acogida de la Iglesia de nuestra diócesis. Llegaron con el convencimiento de que éste sería el lugar donde fundar una nueva vida; en la Delegación de Migraciones, han comprobado que la separación de su tierra y de su familia puede transformarse en alegría, su pertenencia a la Iglesia les proporciona la acogida necesaria y la certeza de estar entre hermanos en la fe.  Su aportación a sus parroquias es amplia: lectoras habituales en  la liturgia, colaboradoras en talleres de las Cáritas Parroquiales, acompañantes a quienes como ellas recorren el camino de la inmigración o participando en la HOAC.  Junto a ellas, caminan voluntarios de la delegación y feligreses que sienten su presencia como expresión de fortaleza de una Iglesia múltiple y rica. La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Córdoba promueve y alienta este acercamiento fraterno a los inmigrantes, riqueza de la Iglesia en Córdoba.

El saludo de un pueblo

Cuando Lourdes Ayala llegó desde Ecuador, la situación en su país comenzaba a deteriorarse a causa de la corrupción política y la maltrecha economía. Su decisión de viajar  hasta Córdoba estuvo vinculada primero a la ayuda de una compatriota, pero solo ella supo salir delante. Ahora atiende a personas como trabajadora de ayuda a domicilio y como miembro activa de la delegación desde 2003 explica que los inmigrantes en Córdoba se sienten “acogidos” y cumplen una importante función social, además de beneficiar a nuestra economía. Ella pertenece a la  Parroquia de Nuestra Señora de Araceli, forma parte de su feligresía porque “en la Iglesia lo he encontrado todo, me he sentido muy acogida y eso es lo  mejor que te puede ocurrir”, afirma mientras asegura que siempre ha querido adaptarse a las costumbres de aquí y “con educación dejar ver cuál es mi identidad, mi manera de ser”. Adriana Patricia Caisedo que vino de Colombia y Auxiliadora Álvarez, ecuatoriana, coinciden en señalar que  se han sentido muy bien acogidas desde el principio por los cordobeses, pero es en su trato diario con la parroquia  donde alcanzan ese sentido de pertenencia a la comunidad, se han sentido siempre “amadas y nunca solas”. Ambas junto a Lourdes defienden el vínculo con sus países de origen y reclaman confianza.

Jornada Mundial de las Migraciones

Manuel Vida es el sacerdote diocesano encargado de la Delegación de Migraciones de Córdoba. Conocedor de la desapacible mirada que en ocasiones la sociedad deposita sobre el inmigrante, aboga por hacernos ver que los prejuicios están unidos siempre al desconocimiento y muestra como capital la presencia de inmigrantes en esta tierra. Manuel Vida está decidido a descubrirnos que en las la posibilidad de unión con ellos reside nuestra fortaleza como comunidad cristiana y ese convencimiento se ha convertido en el vector principal de su labor pastoral. Las palabras del Papa Francisco en esta jornada Mundial de las Migraciones “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados” comprenden todas las acciones a las que nosotros como cristianos estamos llamados a comprometernos ya que el extranjero o refugiado busca aquí “una acogida” y el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia y por eso “nosotros también debemos estar dispuestos a colaborar en esa acogida”. El delegado de Migraciones lamenta que a veces “notamos recelo y miedo, hacia ellos” y aboga por cambiar la palabra inmigrante por la de hermano.

Voluntarios al encuentro de la diversidad

Cuando José Luis Fernández se jubiló de su puesto municipal como trabajador social ya conocía muy bien las necesidades reales de los inmigrantes que llegaban hasta su servicio. Todo ellos tenían como denominador común la necesidad de sentirse acogidos en una sociedad desconocida y esta es una integración que solo se facilita cuando se rompe la barrera cultural “y compruebas que son uno de nosotros, es entonces cuando entiendes que el rechazo forma parte de la escasa información que de ellos se tiene”. Desde la Parroquia de Nuestra Señora de Linares y como voluntario de la Delegación Diocesana de Migraciones, José Ramón Ruiz, reconoce a la Iglesia como “servidora de los que sufren” y por tanto nuestra diócesis ha de serlo también para romper con la indiferencia y animar a la acción de los cristianos. Para comprender la labor que realiza la Delegación como herramienta para la atención al inmigrante es preciso reconocer el amor fraterno como eje principal de cualquiera de sus acciones y por eso este catedrático de instituto jubilado mantiene que “hay que estar al lado del sufrimiento de los inmigrantes”.