“He pretendido ser sacramento de la misericordia y de la fidelidad de Dios”

Entrevista al sacerdote Antonio Evans, Delegado Diocesano de Misiones, párroco de San Nicolás de la Villa y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral

P.-¿Qué le llevó al sacerdocio?

R.- Una inquietud sentida desde pequeño, cultivada en el seno de mi propia familia, yo quería ser sacerdote como el de mi pueblo.

 

P.- ¿Cómo conoció a Jesucristo?

R.- La vivencia de Jesucristo la tengo de mi familia. Yo he vivido la fe con mis padres y con mis hermanos siempre. Ciertamente que he tenido distintas experiencias muy fuertes de fe que me han ido marcando, pero siempre sobre la vivida en el seno de mi familia. Yo he tenido unos padres de fe seria, recia, profunda, formada, cálida, muy abierta y oxigenada. Yo soy hijo de mis padres en todas las dimensiones.

 

P.-¿Cómo describiría su vida sacerdotal?

R.- Yo no sé si he podido dar o no el perfil que he buscado manifestar, pero yo he pretendido ser sacramento de la misericordia y de la fidelidad de Dios (hesed y emet), ese es mi lema, mi objetivo y mi empeño, como Jesús.

 

P.- ¿Cuáles han sido los retos más simbólicos que ha enfrentado como sacerdote?

R.- El reto de asumir y continuar con mis compañeros Vicarios Episcopales el Proyecto Pastoral que, con una total entrega y generosidad, el equipo anterior de Vicarios había iniciado en nuestra Diócesis para pasar de una pastoral de cristiandad a una pastoral misionera, el de procurar realizar el Anuncio en todos los ámbitos posibles, el de trabajar por superar la gran secularización interna que invadía amplios sectores de nuestra Iglesia, el de cuidar no caer en ningún reduccionismo teológico, el trabajar por adquirir una conciencia de hermandad presbiteral…

Todo se podría resumir en que me ha tocado asumir el reto de vivir el postconcilio siguiendo en todo momento las líneas marcadas por el Magisterio de la Iglesia.

 

P.- ¿Qué experiencias como sacerdote le han dejado más impactado?

R.- En cuanto a impactos negativos: cuando han perdido la fe algunos de los míos, cuando han abandonado la Iglesia, cuando se han roto matrimonios muy queridos y allegados, ruinas económicas familiares, etc., etc.

Y en cuanto a impactos positivos: el compromiso eclesial y social de muchos seglares de manera callada y silenciosa, el testimonio de enfermos asumiendo heroicamente su enfermedad, misioneros viviendo en situaciones de violencia extrema y que mantienen su presencia a precio de su salud sicológica, y siempre un largo etc.

 

P.- ¿Cuál considera que es la tarea más difícil para un sacerdote?

R.- Mantener su cultivo integral personal en medio de la vorágine de las tareas pastorales: cuidar su oración personal y la Liturgia de las Horas, el silencio interior, su formación permanente, su descanso potenciador, la fraternidad sacerdotal, etc.

También habría que resaltar el ser pastor de todos y para todos, que todos te entiendan suyo, que seas dinamizador de todos los carismas.

 

P.- ¿Y la más fácil?

R.- El dejarte envolver en la experiencia oracional, el experimentar el amor de Dios que toma la iniciativa y te enciende y alegra. El descansar en el Señor sabiendo que Él completa la obra

 

P.- Durante más de tres décadas al frente de la Delegación de Misiones, ¿Qué momentos le han marcado?

R.- Aquí podría señalar muchos. El primero fue justamente al momento de asumir el destino, pues yo sucedía a un gran Delegado de Misiones, D. Felipe Tejederas, quien había trabajado a toda la juventud de Córdoba de una manera admirable, y que ponía en mis manos a lo que le había dedicado toda su vida.

Otro fue el primer envío de tres misioneras seglares a la selva amazónica de Brasil, pues florecían las primeras vocaciones laicales de nuestro trabajo de animación misionera.

Otro fue el nombramiento de Mons. Juan José Aguirre como Obispo Coadjutor de Bangassou, Centroáfrica, y fui enviado por nuestro Obispo para su Consagración Episcopal a la República Centroafricana.

Otro fue la preparación y la celebración del Jubileo del Año 2000, en el que toda la comunidad de la Delegación de Misiones, junto con mi parroquia de San Nicolás, se volcaron para dar ese servicio a la Diócesis.

Muy importante el año en el que nuestro Obispo, Don Demetrio, tomó la decisión de asumir una parroquia en la Prelatura de Moyobamba, Perú, como Misión Diocesana, con el compromiso de atenderla con dos presbíteros, una comunidad de religiosas Obreras del Sagrado Corazón, y la incorporación posterior de una comunidad de religiosas Salesianas. Desde entonces se ha establecido un puente de cooperación con un balance de muchos proyectos realizados y un dinamismo misionero muy fecundo.

Y así seguiría relatando hasta nuestros días, pues sigue muy viva y en plena efervescencia misionera para preparar el Mes Misionero Extraordinario que ha programado el Papa Francisco para el mes de octubre próximo, para toda la Iglesia Universal.

 

P.- ¿Cómo se abren los misioneros cordobeses al mundo?

R.- Actualmente son 174, y están en los cinco continentes. Lógicamente el mayor contingente lo tenemos en Hispanoamérica.

 

P.- Usted, mejor que nadie, ha podido constatar si estamos en una diócesis solidaria o no. ¿Se vuelca la ciudad con las misiones y el voluntariado?

R.- Es algo que llama la atención, Córdoba está entre las primeras de España en economía, en atención a los misioneros, en tener una misión diocesana, en animación misionera permanente, en asociaciones y ONGs que colaboran directamente con los misioneros, en personal sanitario que colabora comprometiéndose durante sus vacaciones, etc., etc.

 

P.- Además, usted forma parte del Cabildo Catedral y está al frente de una gran parroquia de la ciudad como es San Nicolás de la Villa, donde lleva más de 30 años. Pocos sacerdotes se mantienen tantos años en una misma parroquia. ¿Qué es para usted, para su vida, este lugar?

R.- En relación con el tiempo que llevo en San Nicolás, las circunstancias que han rodeado a ese destino explican el por qué de ese tiempo. En cuanto a lo que es para mí este lugar, como el del Cabildo o el de Delegado de Misiones, yo lo resumiría diciendo simplemente que es el destino al que me ha enviado el Señor, por lo cual se convierte en el sentido de mi vida y al que me consagro.

 

P.- Y, por último, ¿se ve usted en otra parroquia?

R.- En el momento que el Sr. Obispo me lo indicara. No me planteo si me veo o no me veo, solo que me tengo que ver y me veo.

 

De manera breve, responde a las siguientes preguntas sobre tu perfil personal

Nombre completo: Antonio Evans Martos

Edad: 69 años.

Lugar de nacimiento: Hornachuelos.

Un recuerdo de tu niñez: el clima de mi ambiente familiar y el de mis amigos.

Define tus años de seminario: inolvidables en cada una de sus etapas, tanto durante la infancia como durante la juventud: tuve la suerte de tener muy buenos compañeros y muy buenos formadores. Tuvimos que vivir etapas muy fuertes de la historia, pero siempre me sentí muy bien acompañado.

Tu comida favorita: no tengo ninguna preferente.

Tus aficiones y gustos: la lectura, sobre todo la Palabra de Dios, y la música, sobre todo la guitarra y el órgano.

Tu mejor amigo: no podría resaltar a uno, los tengo muy buenos y son muchos.

Tu cura: en cada etapa de mi vida, siempre he tenido una referencia sacerdotal que me ha iluminado y ayudado, pero son varios; no sería justo acentuar a uno.

Un deseo: puede resultar…, pero si quiero ser fiel a la verdad, lo único que realmente deseo es cumplir la voluntad de Dios en mi vida.

Rezas por…: en este punto no tengo punto final: por el mundo, la Iglesia, las misiones, los pobres (espirituales y materiales), los que sufren en su cuerpo y alma, etc., etc.

 

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