“He descubierto otra forma de ver a nuestra Iglesia”

Rafael Delgado participó en la misión diocesana en 2014 y reconoce que lo enseñaron “a vivir de verdad”

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

Después de llevar algún tiempo teniendo la inquietud de poder realizar una experiencia misionera, gracias a mi hermano, el sacerdote Paco Delgado, me animó y me puso en contacto con la Delegación de Misiones de nuestra diócesis de Córdoba. Nos fueron convocando a unas reuniones previas de preparación para la misión, donde se fue consolidando el grupo de voluntarios que ese año 2014 participaríamos en la misión de Picota.  A finales de mayo, recibimos el envío de manos de nuestro Obispo D. Demetrio en la Catedral, en una ceremonia en la que aún es imposible no emocionarse al recordarla, y ya en agosto, nuestro grupo felizmente partió para tierras peruanas.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Sería muy difícil poder destacar algo en particular, porque fueron unos días tan intensos y enriquecedores, que me cuesta trabajo seleccionar nada en concreto. Me quedo con todo. Desde la preparación aquí en Córdoba en la delegación, el forjar ese grupo de voluntarios que terminamos siendo una auténtica piña, una verdadera familia, la emoción del viaje tan largo, la increíble acogida cuando llegamos allí, el ser uno más entre ellos. Iba con la idea de poder ayudar en el servicio para lo que se me necesitara, pero sabiendo de mi limitación y de mi escasa formación. Pero el estar compartiendo las visitas con nuestros médicos José Luis Yépez y su mujer Mari Carmen, o nuestra querida María José Barazona, poder ser útil en lo poco para aquellos que no tienen apenas nada, es quizás lo que más me conmueve todavía al recordar tanto bien como pudimos compartir en nuestro mes de misión. Con mucha alegría recuerdo esas salidas a los poblados de la selva en las que ejercí de humilde chofer del carro de los doctorcitos, en las que descubrí cuanto bien se puede hacer con tan poco.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

A vivir. Simple y llanamente me enseñaron a vivir. Cuando pienso tantas cosas como tenemos aquí y no nos damos cuenta ni sabemos valorarlas, y llegas a Picota y ves cómo viven esos hermanos nuestros sin apenas recursos para sobrevivir, creedme si os digo que es la mayor lección que me ha dado la vida. Careciendo de todo, te lo dan todo, no teniendo apenas nada, les sobra esa alegría y esa hospitalidad al recibirte. Te enseñan a vivir de verdad, cómo ponen toda su esperanza en el Señor, con una fe que para nosotros la quisiéramos, y cómo te sientes querido desde el primer minuto que estas junto a ellos. Saben compartir, saben acogerte, saben sonreírte en todo momento por complicada que sea la situación por la que estén pasando, saben darlo todo, saben darse ellos mismos.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana? 

Pues después de haber tenido la suerte de vivir esa experiencia tan intensa y gozosa en Picota, al llegar a mi rutina de aquí, nada ha sido igual. Le doy gracias a Dios porque he descubierto otra forma de ver a nuestra Iglesia, de comprometerme más y de tomarme más en serio ese compromiso cristiano. La fe que esta pobre gente me mostró en la misión, he de reconocer que supuso para mí una autentica conversión. Y la amistad que se forjó con todos los que formamos el equipo de voluntarios de ese año, ha supuesto un antes y un después en mi forma de vivir mi relación con Dios.

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

La misión marcó mi vida como ya os he dicho. Fue providencial que, al regresar de ese mes misionero, mi hermano Paco fuese enviado por D. Demetrio a Picota, y que haya estado allí durante cuatro años como párroco. Esta circunstancia ha facilitado que mi vinculación tanto con nuestra delegación de misiones, como con tanta gente como conocí allí en Perú, haya estado activa en todo momento. Sigo manteniendo una estrecha amistad con todos los de mi grupo que participamos ese año 2014, y en el momento que la situación lo permita, mi intención y mi deseo es poder regresar alguna vez a aquella hermosa tierra.

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