“Hay mujeres que toman decisiones muy importantes en la Iglesia”

En torno al 8 de marzo, tienen lugar en Córdoba muchas reflexiones en torno al papel que la mujer tiene en la sociedad actual.

Hasta el pasado año, movimientos feministas con ideario diverso, prestaban toda su energía a reclamar derechos a favor de la igualdad. Este año, la pandemia ha contenido esas expresiones y, quizás el virus, tan devastador para todos, propicie otro tono, otro modo de pensar sobre la presencia femenina

En la diócesis de Córdoba, se ha organizado para el día 8 de marzo, a las 19:30 horas, un seminario web con el título “La mujer en el islam y en el cristianismo”. La comunidad musulmana Ahmadí, que tiene su mezquita en Pedro Abad, organiza una serie de seminarios online sobre distintos temas culturales y religiosos donde cuentan con posturas distintas.

Este es un encuentro entre dos mujeres creyentes, una musulmana y otra cristiana. Ambas hablarán, desde su experiencia de fe, del papel que desarrollan en sus respectivas religiones. Una oportunidad para conocernos mejor.

En este encuentro, la secretaria de la sección femenina de Estudiantes Amadhis en España, Tahera Elahi, conversará con Pilar Fonseca, miembro del Consejo de Laicos de la diócesis de Córdoba.

¿Por qué un encuentro entre dos mujeres creyentes de distintas religiones?

Es una labor preciosa la que están haciendo, una labor formativa en la que lo que se pretende fundamentalmente es no señalar las diferencias, sino lo que nos une. Nos une muchísimo el cristianismo con el islam y al islam con el cristianismo, entendido como lo que establece el Corán. Nosotros tenemos muchas veces una visión distorsionada de lo que es el islam como consecuencia de países en los que realmente no se manifiesta el Corán tal como es, sino con unas posturas más extremas. Esto nos va a servir para aunar posturas y ver que tenemos el mismo Dios, que buscamos como criaturas de Dios la igualdad, la complementariedad entre unos y otros. Va a ser muy importante ver las características que nos unen y que no nos diferencian, por tanto.

Está muy extendida la tendencia a explicar unas religiones por oposición a otras, como si se tratara de encontrar ventajas o desventajas en cada una de ellas sobre la idea de libertad, autonomía de la mujer..., esta posición perjudica, sobre todo, a la mujer, ¿no es así?

Siempre ha sido así en la historia de la humanidad. Si nos vamos a los tiempos primitivos, normalmente, la mujer siempre ha sido la parte más débil y a la vez más fuerte; la que ha cargado mucho con el trabajo, pero luego a la hora de la consideración social, ha estado ahí como más relegada. Sin embargo, tenemos que ver cuando acudes a las Sagradas Escrituras, la consideración que desde el principio, como criaturas de Dios, existe en la que nos creó hombre y mujer. Las desigualdades vienen mucho más tarde como consecuencia de nosotros mismos, desde la reivindicación de unas posturas diferentes. Somos criaturas nacidas por igual, semejantes a Dios y con la misma dignidad. A lo largo de la historia se ha ido acomodando lo que ha determinado la sociedad para la mujer, que no siempre ha sido bueno. Son muchos siglos de lucha, pero el primero que reclama la igualdad y el que trata por igual a hombres y mujeres lo tenemos en Jesús. ¿Qué mejor ejemplo? ¿Se ha seguido siempre? No, y tenemos que ver que cuando nos separamos de Él surgen las mayores desigualdades. Buscar lo que nos diferencia, la competitividad entre una religión y otra, no nos hace crecer sino al contrario.

Este tipo de formaciones, en las que podamos ver las distintas visiones pero lo que tenemos en común, la misma finalidad, que es ser como hijos de Dios, buscar la felicidad con relación a los demás, nos pueden enriquecer muchísimo.

A menudo se relaciona la representatividad de la mujer en una religión con la ostentación de cargos que ocupa en la Iglesia ¿es este un enfoque demasiado simple?

Mucho. Pero un enfoque que solemos tener todos, yo me incluyo. Me ha venido muy bien este tema porque me ha dado opción a repasar lo que estudié en teología y los documentos de los últimos Papas. Da la impresión de que muchas mujeres, en lugar de querer igualdad, lo que desean es “hacer lo mismo”, y exigen poder ser sacerdotes porque, si no, se sienten discriminadas. Sin embargo, hay que informar que hay cargos muy importantes, más que el de un párroco, y personas que toman decisiones o aconsejan por encima de sacerdotes y obispos y que son mujeres dentro de la Iglesia. No se trata de tomar el mismo papel, sino de desarrollar funciones valiosas dentro de la Iglesia utilizando nuestros talentos. Y, en eso, se ha avanzado muchísimo, pero fuera de la Iglesia se suele desconocer. A mí me ha hecho ver que en la Iglesia como cuerpo de Cristo, cada uno formamos parte como los órganos dentro de un cuerpo y yo podré querer ser corazón pero si soy hígado soy hígado, lo cual no significa que sea menos importante que el corazón. No sé si habéis oído que la semana pasada la Conferencia Episcopal de Alemania nombró como secretaria a una mujer que va a tomar unas decisiones importantísimas dentro de la Iglesia de todo el país, por encima de sacerdotes y obispos, y aún no estamos satisfechas. La revisión es simple, los orígenes de que la mujer no pueda ser sacerdote no son tan fáciles como los queremos hacer de que el hombre domine la Iglesia machista, sino que tiene una raíz mucho más profunda desde Jesús, que justifica plenamente que es el hombre el que administra los sacramentos y por eso no podemos quedarnos en la superficie. Los cristianos necesitan formación cada vez más para dar razón y justificación de nuestra fe.

¿Qué mensaje tiene la mujer en la religión católica? ¿Y en la religión musulmana?

Primero, el que somos exactamente iguales que el hombre, no deberíamos hablar de hombre ni de mujer sino de la persona. La religión católica es una religión basada en el amor a los demás, a nosotros mismos, en el cumplimiento de los mandamientos que Dios nos dio. La mujer tiene un papel tan importante como el que tiene el hombre en muchos aspectos y, por lo tanto, no podemos reducirlo a que sea monja o consagrada. Cada uno desde su vocación como casada, como laica o como religiosa, tiene su papel y en la Iglesia lo ha venido diciendo, lo sigue diciendo y tiene mucho que seguir diciendo la mujer.