Entrevista a Ronaldo Lourenci

Ronaldo Lourenci, sacerdote recientemente ordenado –el día 19 de marzo- en la Santa Iglesia Catedral, de 41 años de edad y natural de Brasil, nos cuenta cómo recibió la llamada del Señor al sacerdocio y cómo vive su vocación.

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P.- Ronaldo, tú eras ingeniero informático. ¿Qué ocurrió para dar un giro radical y sentir la vocación al sacerdocio? ¿Cómo surgió tu vocación?

R.- En el año 2007, cuando me encontraba en un buen momento, con un buen trabajo, buen sueldo y con una chica con la que pensaba formar una familia, el Señor me llamó al seminario y a abandonarlo todo. En un primer momento dije “no” al Señor, porque me había costado mucho sacar la carrera de informático. Por aquel momento el Papa Benedicto XVI fue a mi país, al santuario de la Virgen de Aparecida. Hice una peregrinación con mi comunidad neocatecumenal para estar junto al Papa. Allí surgió mi vocación de ser sacerdote misionero. Fue un momento difícil porque suponía abandonarlo todo, dejar todo lo conquistado con mucho esfuerzo, pero la Iglesia y mi comunidad me sostuvieron y ayudaron a dar este paso.

P.- Y tú familia, ¿cómo lo vivió?

R.- Aunque en ese momento yo vivía muy lejos de mi familia, lo aceptaron bien y quedaron contentos de esta decisión.

P.- ¿Cuándo decides entrar al Seminario?

R.- Después de un periodo de dos años de discernimiento, en el que estuve como misionero itinerante en Piaui (Brasil) y acompañando a un presbítero en Florencia, me puse a disposición del Camino Neocatecumenal para ser enviado a un seminario Redemptoris Mater. Por sorteo, Kiko Argüello me envió al Seminario Redemptoris Mater de Córdoba.

P.- ¿Cómo han sido estos años de formación para ti?

R.- Han sido años de combates, pero también de consuelos de parte del Señor, que he visto materializados en nuestro obispo D. Demetrio, mis formadores, mis compañeros de seminario, mis catequistas y mi comunidad neocatecumenal.

P.- Perteneces al seminario misionero “Redemptoris Mater”, ¿cómo es la relación y el ambiente entre el seminario “Redemptoris Mater” y el Seminario diocesano “San Pelagio”?

R.- Tanto el seminario de San Pelagio como el Redemptoris Mater son seminarios diocesanos. Estudiamos juntos en el mismo centro y somos ordenados e incardinados en la misma Diócesis. La relación entre ambos seminarios es buenísima, como de hermanos que pertenecen a una misma familia. Nosotros con una vocación concreta de salir a la misión, pero siempre siendo clericus cordubensis, como San Juan de Ávila. Siempre recordaré, cuando fui a hablar sobre mis estudios con el rector de San Pelagio que me dijo: “Ésta es vuestra casa y somos una familia”. Así ha sido en estos años. Siempre he encontrado un ambiente familiar y muchísimos momentos buenos que hemos pasado juntos: momentos de oración, de estudio y también de deportes.

P.- ¿Para qué quiso y quiere ser sacerdote?

R.- Únicamente respondí al Señor que me decía: “Sólo te falta una cosa, ve y vende todos tus bienes y sígueme”. El amor de Dios me llamaba a abandonar todo para consagrar mi vida a Él.

P.- ¿Qué sintió el día que fue ordenado sacerdote?

R.- Me sentí muy pequeño, todo era grandioso y bellísimo. Vi que Dios es muy grande y tiene una mano poderosa capaz de mover todas las cosas. Cuando estaba postrado en el suelo de nuestra Catedral de Córdoba vi toda mi historia como una película, desde Palotina donde nací hasta Córdoba donde estoy ahora. Y sólo me salía agradecimiento porque Dios lo había hecho todo.

P.- ¿Qué sueña alcanzar o hacer desde su ministerio por la Iglesia?

R.- Solamente pido a Dios que me haga fiel a la vocación que Él me concedió y que sea un presbítero santo. Pido por favor a los que están leyendo esto que le pidan al Señor esto mismo para mí.

P.- Finalmente, ¿tienes algún referente a la hora de ejercer tu ministerio?

R.- Quiero que mi referente sea Jesucristo, Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas.