Empezar con ceniza para terminar con fuego

El sacerdote Ignacio Sierra Quirós, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Castro del Río, explica para Iglesia en Córdoba el sentido y el significado del tiempo de Cuaresma 2018

Sí, parece que se ha invertido el orden; pero la Sabiduría divina actúa hoy al revés de lo esperado: desde el pasado miércoles la ceniza precede al fuego. Hemos sido llamados a una transformación radical que viene a darle la vuelta a toda nuestra vida: “Convertíos y creed en el Evangelio”

 

Primero, ceniza.

Hecha con los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente.

Rúbrica del Misal Romano; miércoles de ceniza.

Las palmas y ramos con las que inaugurábamos la Semana Mayor el año pasado han ardido y sus cenizas ya cubren a los creyentes. ‘Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás’; comienza una cuarentena llena de vivencias y oportunidades.

Jesucristo muerto y resucitado es mi Salvación: he aquí el enunciado que engloba y comprende todo el contenido del mensaje cristiano que rememoramos intensamente en estas fechas. La Cuaresma es apertura y preparación para recibir cada vez más perfecta y sinceramente la Gracia salvadora de Cristo, derramada en los Misterios santísimos de su Pasión, Muerte y Resurrección.

Quizá esta Cuaresma sea la definitiva, porque las palmas y ramos del año pasado se han quemado. Porque la Semana Santa y Pascua del 2017 no transformó definitivamente mi vida concreta, no iluminó mi existencia. Aquel ¡Hosanna! se volvió un ¡crucifícalo! Necesitamos ceniza a paladas. La ceniza en los pueblos no se tira. Se echa en el huerto arado porque suelta los terrones más duros, mulle y fertiliza lo más agotado. Ayuda a que la tierra retenga el agua vivificadora y así la vuelve productiva. Nos cubrimos de ceniza al comienzo de este tiempo penitencial porque hemos descubierto que somos estériles. La penitencia verdadera durante la Cuaresma lleva a los cristianos a dar frutos de obras de fe, frutos de buenas obras que nos definen como discípulos de Jesucristo. Esa penitencia tiene un valor inmenso, pues unidos a los sufrimientos de Cristo venceremos por Él al pecado y la muerte.

 

Terminar con fuego

“…la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.”

Del mensaje del Papa para Cuaresma 2018.

 

Así es como se reaviva el fuego del amor divino, que el pecado ha enfriado y casi ahogado. Los cristianos somos llamados a vivir la cuaresma y prepararnos para la Pascua:

·        Intensificando la oración y la escucha de la Palabra de Dios, aprovechando la jornada ‘24 horas para el Señor’

·        Ejercitándonos en la penitencia, que refuerza la voluntad y favorece la conversión, en obediencia al Padre.

·        Haciendo obras de caridad, viviendo atentos al hermano.

La voz del profeta Isaías resuena en el comienzo de la Cuaresma:

“Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad d obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces venid, y litigaremos –dice el Señor- . Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.” Is 1, 16-18.

El Santo Padre, en su Mensaje cuaresmal, nos anuncia el sentido último de este medio para llegar a la Pascua: en la Vigilia Pascual somos conducidos de la oscuridad del pecado al luminoso reflejo de la luz divina que amanece victoriosa del sepulcro vacío  “«Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»,[7] para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.” Del mensaje del Papa para Cuaresma 2018.

Al renovar nuestro bautismo en el centro de la liturgia pascual, volvemos a la casa del Padre de las misericordias, y lo hacemos de la mano de la santísima Virgen María, quien se nos presenta a lo largo de la cuaresma como Madre dolorosa que acompaña y participa en la Pasión de Hijo, para resplandecer en Pascua vestida de sol, reflejo radiante de la gloria del Señor resucitado. Y como María, también nosotros resplandeceremos de feliz santidad, si aprovechamos esta nueva Cuaresma para que el Señor reavive en nosotros aquel fuego bautismal que nos hace ser luz del mundo.