El Sr. Obispo administra el Sacramento de la Unción de Enfermos

Durante la homilía, reconoció la entrega de los grupos de voluntariado, en los que abundan los jóvenes, que ponen sus energías al servicio de las personas que sufren.

uncionCon motivo del Día del enfermo diocesano, que celebramos el sexto domingo de Pascua, Mons. Demetrio Fernández administró a más de setenta personas mayores y enfermos el Sacramento de la Unción de enfermos en una emotiva ceremonia que tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral.
Durante la homilía, el Sr. Obispo manifestó que el mundo de la salud abarca muchos aspectos de la vida humana, y es una dimensión transversal de la existencia de toda persona y es una realidad social. En este sentido, señaló que al servicio de las personas que sufren están sobre todo sus familiares y todo el personal sanitario y de servicio: médicos, enfermeros, administrativos, personal de servicio y, también, todos los voluntarios que desde las parroquias o grupos altruistas atienden a los más necesitados.
Reconoció la entrega de estos grupos de voluntariado, en los que abundan los jóvenes, que ponen sus energías al servicio de las personas que sufren, al tiempo que ellos mismos reciben el testimonio de los enfermos, la gratitud por sus servicios y el aprendizaje de la humana sabiduría que se curte en las ocasiones de dolor. También, destacó la plena dedicación a los enfermos de tantos consagrados y consagradas, y de los sacerdotes “que de una manera especial hacen presente a Jesucristo el buen samaritano, llevando hasta los enfermos el bálsamo del consuelo en el dolor y la gracia de Cristo a través de la eficacia de los sacramentos de la penitencia, de la unción de enfermos, de la Eucaristía”.
Destacó que entre los retos con los que se encuentra el mundo de la salud hoy está la humanización de la medicina y de la atención a los enfermos en los centros de salud. En esta perspectiva humanizadora de la salud se refirió a la delicada situación de los enfermos terminales, a los que se ofrecen tratamientos paliativos de altísimo costo. Por ello, recalcó que al igual que la Iglesia nos enseña que no está permitido la aplicación ilimitada de medidas para prolongar la vida desproporcionadamente, también, que “la dignidad de la persona exige que una vez iniciados los tratamientos especiales, no deben interrumpirse nunca los que garantizan la alimentación y la higiene de la persona enferma”. Y añadió que una “muerte digna es la que se vive asistido por el cariño de los suyos y teniendo al alcance los medios ordinarios de alimentación e higiene que una persona necesita”.