“El servicio es camino de humanización y felicidad”

Entrevista a Carmen León Fernández, de la HOAC

Carmen León Fernández es cordobesa de Zuheros y se revela como luchadora por la igualdad y el trabajo digno. Entiende que, sobre todo los cristianos, tenemos que involucrarnos en esta tarea que dignifica a las personas. Las mujeres de Acción Católica la iniciaron en la búsqueda de la justicia social, acompañada por seglares y sacerdotes que con su cercanía jalonaron un activismo social coherente con su fe.

Su biografía hace comprender una actitud de servicio por su decidido seguimiento de Jesús, lo que explica su compromiso con la justicia, para otorgar “vida digna y abundante a quienes carecen de ella”. Busca otro sistema económico “que ponga en el centro a las personas, el bien común y el cuidado de la naturaleza”. Para Carmen es una prioridad revisar el modelo actual porque es “depredador y genera desigualdad, pobreza y muerte”.

Vinculada desde siempre a la Plataforma Cordobesa contra la Violencia hacia las Mujeres, se ha inspirado en hombres y mujeres cristianos como Lola Castilla, Paco Cáliz y Magdalena Díaz para describir una acción social entregada y comprometida. Viuda y madre de cuatro hijos, -una de sus hijas ya está con el padre-, admite que no siempre se entendió su militancia feminista y su vocación cristiana. Desde Cañero, su barrio, y su Parroquia de San Vicente Ferrer sigue observando una realidad que le inquieta: “mientras haya desigualdad seguirá habiendo violencia”, advierte.

 

P. Tantos años al frente de la plataforma cordobesa contra la violencia hacia las mujeres le ha permitido conocer a muchas personas víctima del maltrato, ¿qué respuesta tiene para ella la sociedad de hoy?

R. La sociedad civil organizada, sobre todo el movimiento feminista, ha logrado en primer lugar sacar este gravísimo problema del ámbito privado y ponerlo en las agendas políticas, de forma que se han ido aprobando leyes que ayudan y protegen a las mujeres víctimas que dan el paso de salir de esa situación. Al mismo tiempo se ha impulsado un cambio de mentalidad hacia una mayor igualdad.

P. Tras años de concienciación social, hay una estadística muy preocupante de violencia hacia las mujeres, ¿qué está fallando?

R. En la historia de la humanidad, han sido muchos siglos considerando como normal que el hombre es superior a la mujer y que esta debe estar supeditada a él y muy pocos, a penas siglo y medio, de lucha organizada para avanzar hacia la igualdad real. El cambio cultural es mucho más lento que el legal y mientras persista la desigualdad, habrá violencia.

P. En su opinión, ¿la lucha por la igualdad oculta a veces la complementariedad entre el hombre y la mujer?

R. Yo diría que más que ocultar, la cuestiona. Si complementariedad es, lo que se da entre un hombre y una mujer que deciden hacer un proyecto de vida en común y formar una familia, buscan compartir lo que son y lo que tienen, sus cualidades, habilidades, las responsabilidades… en un plano de igualdad y en aras a ayudarse mutuamente a llevar a cabo ese proyecto… es una opción de vida gratificante y plena.  Pero eso no significa que sea la única que puede hacernos vivir en plenitud.  En mi humilde opinión creo que Dios Padre nos ha creado a su imagen y semejanza, seres completos, únicos e irrepetibles, llamados a alcanzar la plenitud en el Amor y a construir Comunidad en libertad.

  P. Como miembro de la HOAC, ¿se ha sentido juzgada desde el feminismo?

R. El feminismo es un movimiento plural, en el que caben distintas sensibilidades y formas de entender la vida. Creo que mis compañeras de lucha que me conocen, respetan y valoran mi trabajo y mi forma de vivir.

P. ¿Se puede ser feminista y católica?

R. Para mí es lo más natural. El feminismo es un movimiento de liberación, por tanto, yo creo que entronca perfectamente con el Evangelio y su propuesta de felicidad. Jesús rompió con las costumbres de su época en el trato con las mujeres, no hay más que mirar el Evangelio en su contexto cultural. Creo que no podemos considerarnos seguidoras de Jesús, no hay verdadera vida espiritual, sin tener un compromiso concreto por la justicia para otorgar vida digna y abundante a quienes carecen de ella.

P. ¿Qué significa para usted la palabra “servicio”?

R. Entrega, compromiso, una actitud vital que nace del deseo de poner a Jesús en el centro de mi vida. “Cuando lo hiciste con uno de estos, a mí me lo hiciste”.  También un camino de humanización y felicidad.

P. ¿Cuál es su experiencia de Cristo? ¿Quién la inició en la fe?

R. Jesús de Nazaret y su causa, es quien da sentido a mi vida.   Me crié en una familia cristiana y mi madre, me transmitió su fe sencilla. En 1976 la Providencia puso en mi camino a las Mujeres de Acción Católica y años después a la Hermandad Obrera de Acción Católica. Ahí empecé a vivir una fe adulta más comprometida, descubrí la dimensión social o política que tiene la fe y mi vida dio un giro total.  A lo que Jesús nos invita, creo yo, es a compadecernos de las personas que sufren y a comprometernos para conseguir erradicar el sufrimiento. Quienes queremos seguirle, debemos llevar liberación y transformación allí donde existe injusticia, violencia o negación de la dignidad de cualquier ser humano.