El secreto de toda oración en “Educamos entre todos”

Continuamos con la didáctica de la oración cristiana con la reflexión del sacerdote Adolfo Ariza

 

En uno de los pasajes más brillantes de la novela Diario de un cura rural, el escritor Georges Bernanos reflexiona sobre la oración a través de su protagonista: -“Nos hacemos generalmente una idea absurda de la plegaria: ¿cómo se atreverán a hablar de ella quienes no la conocen ni poco ni mucho? Un trapense o un cartujo laborará años y años para convertirse en un hombre de plegaria y el primer atolondrado pretenderá juzgar el esfuerzo de toda una vida…Si la plegaria fuera efectivamente lo que piensan, una especie de charla frívola o habladuría, diálogo de un maníaco con su sombra o aún menos – un vano y supersticioso intento para obtener los bienes de este mundo -, no podría creerse que millares de seres se hallaran hasta en sus últimos momentos, no digo siquiera tanta dulzura – desconfío de los consuelos sensibles -, sino un gozo pleno y fuerte. ¡Oh, sin duda los sabios hablan de sugestión! Lo que seguramente no habrán visto nunca es a uno de esos viejos monjes, tan reflexivos, tan sabios, inflexibles en los juicios y sin embargo tan radiantes de entendimiento y de compasión con una humanidad tan tierna. ¿Por razón de qué milagros, esos medio locos prisioneros de un sueño, esos durmientes despiertos parecen penetrar más hondamente en las miserias de los demás? ¡Extraño ensueño, opio singular, que en vez de aislarles de sus semejantes, les hace solidarios de todos en el espíritu de la caridad universal! […] ¿Qué hombre de oración ha confesado, sin embargo, que la plegaria le ha decepcionado?”.

Pero, ¿dónde hallar la quintaesencia, el secreto de la oración?

“Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos” (CCE 2749). Luego el secreto de toda oración radica en el poder participar en la oración de la “Hora de Jesús” que sigue presente en la Liturgia de la Iglesia (cf. CCE 2746): “Nuestro Sumo Sacerdote que ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el Dios que nos escucha” (CCE 2749). San Agustín lo expresó en estos términos: “Ora por nosotros como sacerdote nuestro; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros”.

“La oración ‘sacerdotal’ de Jesús (cf. Jn 17) ocupa un lugar único en la Economía de la Salvación. Esta oración, en efecto, muestra el carácter permanente de la plegaría de nuestro Sumo Sacerdote” (CCE 2604). Precisamente el Catecismo de la Iglesia Católica enseña al respecto: “La carta a los Hebreos expresa en términos dramáticos cómo actúa la plegaria de Jesús en la victoria de la salvación: ‘El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que había podido salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimento la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen’ (Hb 5, 7-9)” (CCE 2606).

En esta oración todo está “recapitulado” en Él (cf. CCE 2748): “Todos los infortunios de la humanidad de todos los tiempos, esclava del pecado y de la muerte, todas las súplicas y las intercesiones de la historia de la salvación están recogidas en este grito del Verbo encarnado […] Así se realiza y se consuma el drama de la oración en la Economía de la creación y de la salvación” (CCE 2606.

A través de esta oración en la Hora de Jesús nos viene dado “el misterio mismo de la vida de oración”: “El ‘conocimiento’ indisociable del Padre y del Hijo” (CCE 2751). “Lo que el hombre no puede concebir ni lo poderes angélicos entrever, es decir, la relación personal del Hijo hacia el Padre (cf. Jn 1, 1), he aquí que el Espíritu del Hijo nos hace participar de esta relación a quienes creemos que Jesús es el Cristo y que hemos nacido de Dios (cf. 1 Jn 5, 1)” (CCE 2780).

Adolfo Ariza Ariza

Delegado Diocesano de Catequesis

 

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