“Yo nunca he dejado de creer en Dios, siempre lo he buscado”

Manuel Pérez Suárez, de origen colombiano y con descendencia española, está actualmente afincado en España. A sus cincuenta y nueve años hace seis que salió de la cárcel, donde cumplió tres años de los cuatro y medio a los que fue condenado. Recuerda aquella época con tristeza pero reconoce que nunca se ha sentido abandonado por Dios y que no ha sido la cárcel un motivo para dejar de creer en Él. El próximo 23 de octubre, la Diócesis de Córdoba celebra el día del preso y del cautivo.

¿Qué le trajo a nuestro país?

Soy descendiente de español y tenía ganas de conocer la tierra de mis abuelos; y también las ganas de trabajar y salir un poco adelante.

¿Qué tipo de vida le llevo al a cárcel?

Una vida que nunca debí coger, una equivocación muy grande que tuve, vendiendo, que nunca consumiendo, drogas. Si bien jamás vendí a gran escala sólo en pequeñas cantidades. Por lo que me condenaron a cuatro años y medio de cárcel.

¿Cómo entra en contacto con los miembros de la pastoral penitenciaria dentro de la cárcel?

Un domingo estaba jugando al dominó en el patio y llegó un voluntario empezó a hablar con unos amigos mientras yo escuchaba. Dejé la partida y me fui a hablar con él, y fue tan grande el convencimiento por su parte que se lo tendré que agradecer mientras viva.

¿Qué supuso para usted conocer labor de la pastoral?

Es lo más grande que he podido conocer. Yo tenía el convencimiento de que quien peca y reza empata y yo vivía en esa tónica ya que siempre he buscado a Dios a mi manera, pero no encontraba a nadie que me ayudara a encontrarlo verdaderamente.

La primera vez que confesé abriéndome por completo fue al hacer el Cursillo de Cristiandad. Fue algo muy grande. El cursillo ha sido lo más hermoso que me ha sucedido a mí.

¿Qué recuerdos tiene de la cárcel?

Tristeza, el rencor con uno mismo, el daño que hice a mi familia, sobre todo a mis tres hijos. Fue duro no ver a mis padres antes de morir, la noticia de la muerte de mi madre la recibí durante un permiso. Estando en la cárcel también me enteré que habían matado a mi hermano médico en un atraco. He pasado un calvario en la cárcel por culpa de mis errores, el único culpable he sido yo.

¿Ha sido lo suyo una conversión o dejó que fe aflorase?

Yo nunca he dejado de creer en Dios, siempre lo he buscado y sé que vela por nosotros. No sabía encontrarlo pero desde que lo he encontrado soy feliz, estoy tranquilo. Cumplo con mis obligaciones pastorales, trabajo en mi parroquia y he colaborado como voluntario en la Cruz Blanca.

¿Se puede sentir una persona libre en la cárcel, sabiendo que Dios la ama, a pesar de estar privado de libertad?

Si, en mi encerraron el cuerpo pero mis pensamientos nunca los encerraron, yo era libre de pensar.

¿Cómo afrontó su vida cuando salió de la cárcel?

Fue difícil, tienes que volver a adaptarte con el convencimiento de que no vas a volver a la rutina anterior. Hay que adaptarse a la vida, yo tenía una pequeña pensión que me ayudó hasta que conseguí trabajo. Pero es difícil la adaptación cuando uno sale de la cárcel.

Si tuviera delante a un preso que no cree en Dios ¿qué le diría?

Yo lo convencería, lo he hecho, he invitado a mis compañeros en muchas ocasiones a que los domingos me acompañaran a escuchar lo que nos contaba el voluntario que nos visitaba.