El Papa visita Pompeya y Nápoles

La sangre se San Jenaro se licua en un encuentro en la Catedral napolitana.

El pasado sábado 21 de marzo, el Papa visitó en una jornada las ciudades italianas de Pompeya y Nápoles, siguiendo un extenso programa en el que quería entrevistarse con presos, jóvenes, los sacerdotes, religiosos y los enfermos.

El Papa Francisco salió en helicóptero a las 7 de la mañana desde el Vaticano y una hora más tarde aterrizó en el “Area Meeting” del Santuario de Pompeya. El Pontífice rezó en el santuario y posteriormente se desplazó, una vez más en helicóptero hasta Nápoles donde mantuvo un encuentro con los feligreses en la Plaza Juan Pablo II. A continuación, celebró la Santa misa en la plaza Plebiscito.

Sobre las una de la tarde, almorzó con los presos de la prisión “Giuseppe Salvia” en Poggioreale y posteriormente, en la Catedral se reunió con los sacerdotes y religiosos ante las reliquias de San Jenaro. Aquí se produjo un hecho muy significativo, el de la licuefacción de la sangre. Un prodigio que solamente sucede en tres fechas fijas al año (el primer domingo de mayo, el 19 de septiembre, fiesta de San Jenaro, y el 16 de diciembre).

Más tarde, en el encuentro con los enfermos en la Basílica del Gesù Nuovo donde les explicó que “no es fácil acercarse a un enfermo”. Y comento que se trata de “tener el valor de decirse a uno mismo: yo también tengo alguna enfermedad en el corazón, en el alma, en el espíritu, yo también soy un enfermo espiritual”.

También dirigió unas palabras a más de 100.000 jóvenes, familias y ancianos, en el paseo marítimo napolitano. A los chicos les dijo: “nuestro Dios es un Dios de las palabras, de los gestos y de los silencios. Siempre nos espera, siempre nos perdona, siempre nos entiende. Con estos gestos de ternura. Pero también es un Dios del silencio”. También les habló de la familia, de la importancia de los ancianos, de la vocación al matrimonio y de la necesidad de prepararse para casarse.