“El laico debe formarse para valorar y defender el inestimable papel social de la Iglesia”

Juan José Primo Jurado conoce los entresijos de la vida política cordobesa. Ha sido subdelegado del Gobierno en Córdoba hasta el verano. Después de imprimir al cargo buenas dosis de cercanía, ha regresado a la docencia como profesor de Enseñanza Secundaria y Universidad. En esta nueva faceta proyecta la idea de servicio a la sociedad cordobesa de la que reconoce saber sus anhelos: liderazgos honestos que permitan a la provincia florecer.

Apuesta porque la religión sea la expresión humana respetada y protegida por un sistema democrático y desde estas páginas anima a los políticos a superar “atavismos anticatólico”. La formación del laico la sitúa entre las prioridades urgentes de cualquier católico. La lectura diaria con su tío sacerdote sobre la vida de Jesús sigue presidiendo todos sus recuerdos infantiles y tiene en el año 1.984, cuando entra a formar parte de Adoración Nocturna la fecha de su encuentro definitivo con Jesús. Aficionado al cine, la lectura, el modelismo y el fútbol, abandera el gusto por la tortilla de patatas y tiene en Córdoba el escenario de paseos meditados y profundos. Juan José tiene previsto dar una conferencia el próximo 16 de noviembre en la capilla de Villaviciosa de la Catedral con el título "La devoción al Sagrado Corazón de Jesús en Córdoba" a las 20:00 horas.

 

¿Qué ha aprendido en su etapa como subdelegado del Gobierno de la sociedad cordobesa?

La conocía bien y ahora la conozco mucho mejor, incluida toda la provincia. Creo que los cordobeses esperan liderazgos honestos y cercanos que se preocupen por sus necesidades y aprovechen las magníficas posibilidades de Córdoba. A todo lo que no sea eso los cordobeses responden con indiferencia.

¿Cuál es la mayor virtud de la sociedad cordobesa que no acaba de estimular la gestión política?

Los cordobeses han sido traicionados y usados muchas veces, desde dentro y desde fuera. Por ello existe un cierto desdén, una indiferencia marca de la casa, en una ciudad que ha sido tres veces capital en la historia. El reto político es devolver la confianza en sí mismos a los cordobeses y convencerlos de que se comprometan con Córdoba como en otros momentos de su historia.

¿Es fácil dar testimonio cristiano en un cargo de representación del gobierno central?

Juan XXIII en la Pacem in terris dijo que el mundo ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Y el papa Francisco ha afirmado ha afirmado que “El verdadero poder siempre es servicio”. Esa “ideología” no es contraria a ningún Gobierno, que sea democrático claro. Yo he procurado aplicar esos principios a toda mi etapa de cargo político.

¿Cree que las personas que ocupan cargos públicos deberían dejar ver su espiritualidad?

Nuestra Constitución eliminó cualquier confesionalidad del Estado y configuró un Estado no confesional, al servicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, también en materia religiosa. Un Estado laico no significa que el Estado rechace la religión e imponga el laicismo, eso no sería una democracia. Va siendo hora de que nuestros políticos superen atavismos anticatólicos y entren de lleno en una mentalidad plenamente democrática.

Como historiador, ¿considera urgente la formación para entender el papel social de la Iglesia?

Por supuesto. El laico debe formarse para valorar y defender el inestimable papel social de la Iglesia en un mundo que, como dijo Pío XII, está obligado a transformar de salvaje en humano, de humano en cristiano y de cristiano en santo. En su parte humana, como es lógico, la Iglesia ha podido cometer errores sociales en la historia y también es nuestro deber conocerlos para no volver a incurrir en ellos.

¿Cómo definiría la devoción al Sagrado Corazón de la ciudad de Córdoba?

Es la primera ciudad española, tras Madrid en 1918, que le dedicó un monumento. Como sabemos fue erigido en 1929 y en un sitio muy especial como son las Ermitas. Eso dice mucho de la devoción cordobesa. El Apostolado de la Oración, desde San Hipólito, también ha realizado una labor magnífica para mantener e impulsar esta devoción, universal, pero muy arraigada en España.

¿Quién le transmitió la fe? ¿Cómo recuerda el encuentro con el Señor que todo cristiano ha experimentado?

La fe me la transmitieron el ejemplo y la educación de mi familia y las enseñanzas y actitudes que viví en mi colegio Cervantes, de los hermanos maristas, y en la Escuela de Magisterio de la Iglesia. El encuentro con Jesús, más en la madurez, lo ubico al entrar en la Adoración Nocturna en 1984. Desde entonces, una vez al mes en la alta madrugada cordobesa, vivo un momento muy enriquecedor cara a cara ante el Santísimo.