“El festival de Polonia supone para mí un abrazo de Dios”

El cantautor Jesús Cabello estrena nuevo disco y acaba de volver de un festival internacional de música cristiana en Polonia

El Santuario de la Virgen de Czestochowa es el corazón de Polonia. En el mes de agosto confluyen miles de peregrinos de todo el país para mostrar su devoción a la Reina de Jasna Gora. Hace años que la televisión pública polaca TVP retransmite en directo las ceremonias religiosas, a lo que han añadido festivales de música cristiana con una audiencia de varios millones de telespectadores. Este año la cadena ha añadido un festival internacional tipo Eurovisión para el que han seleccionado a ocho cantantes de ocho países, entre los que ha estado el cantautor cordobés, Jesús Cabello.

Menuda sorpresa, Jesús. ¿Cómo empezó esta aventura?

Recibimos varios mensajes de la productora SOS Music que trabaja para la TVP. Lo vimos de chiripa porque todos esos correos nos llegaban a spam. Parece que ni Google se creía la propuesta que nos hicieron (risas). De hecho, pensé que era una broma o una estafa, pero no. Cuando nos explicaron el plan, nos quedamos con la boca abierta. Yo lo sentí como un regalo de Dios. En 2016 había estado en la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia y Paloma no había podido venir. En esta ocasión sí podía acompañarme para visitar a la Virgen que tanta devoción despertaba en San Juan Pablo II. Además, me sentí un privilegiado por haber sido seleccionado por un equipo tan exigente. Había un nivelazo y prometía convertirse en una experiencia fantástica.

¿Pero en qué consistía exactamente?

Al parecer, anualmente se celebraban en Jasna Gorą festivales de música cristiana por todo lo alto, con las mejores orquestas y músicos de Polonia. Pero la delegación polaca de Eurovisión presentó la propuesta de un festival internacional y ecuménico de música cristiana, y la idea le apasionó a la directiva. En tiempo récord nos juntaron a cantantes de Colombia, EEUU, Suecia, Eslovaquia, Croacia, Italia, Polonia y España. Tenían previsto dos premios, uno que asignábamos los mismos cantantes a nuestros compañeros, y otro otorgado por las votaciones por sms del público. El primero lo ganó Vanessa Mioc, una fantástica cantante católica de Croacia que a todos nos cautivó con su carácter y talento. El segundo premio lo asignó el público a su paisana de Polonia; no me extraña (risas).

¿Con qué te quedarías de esta experiencia?

Polonia es un país apasionado de su fe; es una preciosa secuela de la historia reciente que han sufrido. Allí ser cristiano, creer en Dios o cantar música religiosa no solo está bien visto, sino que se destaca como una virtud añadida. A todos nos trataron con un cariño y admiración exquisitos, y con una profesionalidad a la altura de la música secular. De hecho, gran parte del equipo musical pertenecía al concurso La Voz en Polonia. Sin distinciones. Sinceramente, a Paloma y a mí nos ha sobrecogido sentirnos así lejos de nuestra tierra, y nos cuestiona profundamente. En el aspecto humano y espiritual, siento que Dios ha cumplido una promesa que sentí en 2016: volvería a Czestochowa con mi esposa. En los últimos años estamos pudiendo peregrinar a muchos santuarios marianos dentro y fuera de España con la excusa de la música. Nos sentimos cuidados y agradecidos.

Has conocido cantantes católicos y evangélicos de otros países. ¿Es muy diferente la música que ellos hacen con la que se está produciendo actualmente en España?

Eso ha sido precioso. Conocer a gente que hace lo mismo que yo en otros sitios me ha enriquecido muchísimo. Nos hemos cogido mucho cariño, y ya caminamos juntos en la distancia. Me consuela comprobar que todos sacamos adelante nuestra música a pulmón, sin ninguna ayuda comercial (risas). Aparte de los estilos de cada uno, hay una marca que nos distingue. La música tradicional de cada país y su historia, la situación de la fe o la Iglesia condicionan irremediablemente la forma de componer. Son diferencias sutiles, pero que hacen de todo esto un puzzle hermoso. Aquí en España la música católica se está viendo impulsada gratamente por la Conferencia Episcopal Española, así como las diócesis y parroquias. Poco a poco va encontrando su sitio como instrumento real para vivir la fe en comunidad. La difusión en las redes ha globalizado el acceso a esta música y su conocimiento. Confío en que, no sin dificultades, este camino es ascendente; pero hay que echarle paciencia.

¿Y ahora qué?

Pues lo de siempre, gracias a Dios. Me preguntó un periódico de allí si la experiencia del festival había sido la más impresionante de mi vida. Yo les respondí que lo mejor de mi vida lo vivo todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto, dando clase en el instituto o calentando una taza de leche para nuestro hijo. Eso es lo más impresionante que he vivido y vivo. No obstante, el festival de Polonia supone para mí un abrazo de Dios, el sueño musical de un compositor que aspira a escuchar una de sus canciones tocada en directo de esa manera, escuchada por tantos con el corazón abierto. Seguiremos con alegría nuestra misión en lo grande y lo pequeño.

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