El don de la comunión en las hermandades y cofradías

José Antonio Salamanca, Hermano Mayor de la hermandad de la Sentencia nos lo explica en este artículo.

_MG_8981El don de la comunión

El Papa Benedicto XVI la definió muy bien en una audiencia general de los miércoles en Roma. “La comunión es realmente la buena nueva, el remedio que nos ha dado el Señor contra la soledad, que hoy amenaza a todos; también lo define como, es el don precioso que nos hace sentirnos acogidos y amados en Dios, en la unidad de su pueblo congregado en nombre de la Trinidad; es la luz que hace brillar a la Iglesia”.

La comunión no sólo es la que vivimos dentro de la Iglesia viviente, la Iglesia es una familia. El creyente y practicante (Iglesia Militante) en la tierra, el sufrimiento de la iglesia en el purgatorio y la Iglesia triunfante, en el cielo, no son tres divisiones en la Iglesia, sino que están unidas en una familia, en la Comunión de los Santos.

La Comunión de los Santos es, entonces, la unión de estos tres grupos de fieles, los cuales nos ayudamos unos a otros. Los que estamos en la tierra oramos y nos ayudamos entre nosotros. Pero los del Cielo están intercediendo por nosotros y nos ayudan en nuestro camino. Y nosotros podemos ayudar a las almas en purificación con nuestra oración y sacrificios para aliviar su pena.

La Comunión de los Santos, como el nombre lo indica, es la común unión de todas las personas santas, es decir, de los que están unidos a Cristo mediante la Gracia.

La Iglesia es muchísimo más grande de lo que podemos imaginarla, porque todos formamos parte de la Iglesia, aun los que ya pasaron a la eternidad. Se trata de personas conocidas y no conocidas, grandes santos y santos desconocidos.

La persona más importante en la Comunión de los Santos es la Santísima Virgen María, ella es la Madre de Dios. Ella fue la que estuvo más unida a Jesús en la Tierra y continua en el cielo. María es la Reina del Cielo y cómo es nuestra Madre, ella está muy cerca de nosotros.

Si enlazamos las dos definiciones podemos decir que el don de la comunión en las Hermandades es la buena nueva entre los fieles acogidos y amados en Dios y que brilla en la Iglesia.

¿Cómo vivir este don en las Hermandades?

Se puede vivir de muchas maneras en una hermandad pero resaltaría 3. Los cultos, la caridad y la formación.

En mi Hermandad los cultos se viven durante todo el año, y no debemos caer preocuparnos únicamente de la belleza del altar para estos días, sino en tratar de vivir estas celebraciones litúrgicas como parte fundamental de la vida del cristiano-cofrade. No sólo nos ceñimos al Quinario en Cuaresma. Durante todos los sábados del año tenemos Sabatina a nuestra titular gloriosa, Nuestra Señora de la Alegría. En Adviento el triduo a nuestra Dolorosa y durante una vez al mes disfrutamos de la presencia de Jesús Sacramentado en un turno de Adoración Nocturna.

La caridad. Jesús en el evangelio nos llama a acoger a los pobres, a tratarlos como si de Él mismo se tratara. Las Hermandades y Cofradías al ser un movimiento vivo de Iglesia tenemos y debemos estar cerca del necesitado cada una en la medida de sus posibilidades. La caridad se llena de un significado especial en estos tiempos de crisis que estamos viviendo cómo dice el evangelio de Mateo “Porque tuve hambre y me distéis de comer; tuve sed y me distéis de beber...” Hay muchas formas de colaborar y canalizar las ayudas siendo las más cercanas a cada uno de nuestro entorno: las Cáritas parroquiales, desbordadas hoy día por familias que viven puerta con puerta y que han perdido el trabajo y no tienen para poder comer o pagar el recibo de la luz.

Una Hermandad no puede gastarse mucho dinero en tallar un paso, bordar un palio u organizar un macro certamen de bandas con formaciones musicales de renombre sino se fomenta la participación y aportación en las obras sociales o bolsas de caridad. La aportación debe ser desinteresada y no por cumplir o “callar al párroco”, la caridad es algo recíproco y que cuando se practica os aseguro que se recibe más de lo que se da.

En el caso de La Sentencia de Córdoba. La Hermandad, con el Diputado de Obra social a la cabeza, es el encargado de dirigir Caritas Parroquial. Muchos igual pensáis que al estar radicados en una parroquia de centro cómo es San Nicolás de la Villa y con una feligresía acomodada económicamente no hay necesidad.

Os puedo decir que en el centro de Córdoba hay necesidad. Se atienden a familias una vez a la semana y se les entrega en su mayoría alimentos para poder comer. También colaboramos con parroquias del extrarradio de la ciudad, donde realmente están desbordados.

Cada caso de necesidad es estudiado, y se intentan atender todas las peticiones posibles. Navidad es una época que todos somos más sensibles a la pobreza y por ello es el momento del año donde más alimentos recogemos, principalmente por tres vías, la catequesis de la parroquia, los alumnos del Colegio La Salle y la Operación Kilo que tenemos durante el mes que la Hermandad tiene abierto el Nacimiento en la Ermita de la Alegría, que igual muchos de vosotros habéis visitado alguna vez con las figuras del misterio antiguo y actual del paso de La Sentencia.

Durante el año, todas las colectas que tenemos en la misa de Hermandad los sábados van destinadas a la obra social. Muchas veces nos quedamos sin alimentos y hay que comprarlos o pedir a los hermanos. Aquí vemos como el don de la comunión no solo es entre los mismos hermanos que formamos una hermandad, sino también con aquel que lo necesita dentro de la iglesia universal. No debemos preocuparnos únicamente de lo que ocurre en nuestro entorno, la belleza de este don es vivir en común-unión con Dios y con los demás.

Os quiero contar una anécdota que nos ocurrió en el verano de 2013, para que veamos lo grande que es el Señor, estamos en sus manos y nosotros somos su instrumento.

Nos encontrábamos inmersos en la organización de nuestra participación en el Via Crucis Magno de la Fe. El Señor de la Sentencia presidió una de las estaciones. Era una salida extraordinaria con todo lo que ello conlleva, gastos de todo tipo, flores, cera, la Banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Sol de Sevilla, etc…

Tuvimos un benefactor que nos costeó hasta el último céntimo que costó que La Sentencia saliese la calle el 14 de septiembre de 2013, con una condición que todo lo recogido de subvención (algo muy inferior), donativos por papeletas de sitio de la cuadrilla de costaleros y hermanos fuese destinado a Caridad. Aquí podemos ver como dando es como mas se recibe.

Siempre recordaremos aquel día con sus cosas positivas y otras mejorables con respecto a la organización, pero lo que nunca olvidaremos fue el sentido que tuvo aquel Vía Crucis para nosotros que no fue otro que el conmemorar el año de la Fe con un gesto generoso y caritativo con el prójimo.

La tercera pata de este trípode es la formación. Desde que somos pequeños y tenemos la edad mínima nos preparamos para la Comunión, una vez que recibimos por vez primera el cuerpo de Cristo nuestro camino de preparación nos lleva hasta la Confirmación es el momento de decirle SÍ a la Iglesia. Pero ¿que hay después de la Confirmación? Hay muchos caminos por donde llegar y las Hermandades somos un perfecto cauce para desarrollarnos y crecer en la fe.

Se pueden formar muchos grupos de formación, desde los más jóvenes hasta de adultos y sin olvidar el poder prepararse para recibir el sacramento de la Confirmación para aquellos hermanos que por cualquier motivo no lo pudieron recibir en su momento.

Una de las cosas que no deja de sorprenderme en este mundo cofrade que tanto nos gusta es la masiva afluencia o poder de convocatoria  que hay a ciertos actos que desarrollamos en la vida diaria de la Hermandad. Por ejemplo un ensayo de costaleros.

Me sorprende la cantidad de personas ajenas al ensayo que en días laborables, con frío y a horas poco habituales acuden a ver cómo una mesa de ensayo cargada de vigas o sacos práctica. Algo que yo considero necesario. Pero mi duda sería que si a todo estos asistentes se les ofreciera asistir a una vigilia de oración ¿Qué respuesta tendría? Por nuestra parte Deberíamos en las hermandades de preocuparnos por esto, intentar darle la posibilidad de aprender sobre Jesús, la Iglesia, porque quizás estas personas no han tenido la oportunidad de vivir una fe verdadera, basada en la oración y en los sacramentos.

Los grupos de formación en las Hermandades son tan necesarios cómo la Cruz de Guía que abre nuestros cortejos en Semana Santa y que nos guía e indica por el camino que tiene que ir la procesión. La formación nos tiene que hacer discernir entre lo superfluo y lo esencial, entre lo que es superficial y lo que es fundamental. Debemos intentar acercar a nuestros hermanos en la fe a los sacramentos, sobre todo en la penitencia, quizás el más dejado hoy día. Para que antes de realizar estación de penitencia sepamos realmente que es la penitencia y estemos profundamente arrepentidos de nuestros pecados.

La eclesialidad en las Hermandades

Hace unos años, nuestro anterior obispo, y hoy Arzobispo de la ciudad vecina de Sevilla, Don Juan José Asenjo comentaba en una entrevista el gran bien que hacían a la Iglesia en Andalucía las Hermandades y que lo peor que le podría ocurrir a las mismas es a la falta de eclesialidad y amor a la Iglesia.

Decía Don Juan José que una Hermandad fuera de la Iglesia no tiene ningún sentido y se convierte en una institución de carácter meramente cultural. No le falta razón al Arzobispo.

Las personas que formen parte de la Junta deben ser personas comprometidas con la Iglesia, colaboradoras con el párroco, llevar una vida ordenada y una conducta modélica.

No se puede contemplar bajo ningún concepto que la Junta la componga personas que no llevan una vida de fe, practican los sacramentos y la oración en su día a día, personas que no tienen respeto cuando se encuentran en territorio sacro o que reniegan del magisterio de la santa Madre Iglesia.

Lo ideal es que estas personas acudan a las parroquias con frecuencia siendo estrechas colaboradoras del párroco. Y no sólo aparecer en momentos puntuales o cuándo se acerca la Cuaresma.

El ejemplo de San Nicolás (catequistas, columbario, gestión de patrimonio, archivo)

Otra de las obligaciones que tienen las Juntas de Gobierno es la presentación anual de cuentas al Obispado. Intentemos no ver esto como una carga, sino como otra forma de vivir la comunión con nuestros hermanos.  Desde hace unos años nuestro Obispo decretó que tanto a las Hermandades cómo otros movimientos pertenecientes a la Iglesia y cómo signo de comunión y solidaridad aportasen el 10 % de los ingresos al Fondo Común Diocesano. Las parroquias ya venían aportándolo desde hace tiempo.

Esta medida que alguno puede pensar cómo polémica y con afán recaudatorio no lo es cómo tal ya que esta pequeña aportación tiene como fines sostener el culto divino, sostener honestamente al clero y hacer las obras de apostolado sagrado y de caridad.

No quiero alargarme mucho más. Está cerca la Cuaresma, tiempo fuerte el que nos marca la Iglesia. Durante cuarenta días los cristianos estamos llamados a la conversión. Muchas veces nos perdemos en ensayos de costaleros, conciertos y certámenes de marchas procesionales limpieza de la plata o preparación de la Estación de Penitencia…Llegamos al Domingo de Ramos y ni tan siquiera hemos tenido momentos íntimos para prepararnos espiritualmente para vivir profundamente la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Intentemos este año acordarnos más profundamente, si cabe, de los demás, de vivir es don con el que el señor nos premia y el cual nos lleva a vivir la fe verdadera que debe ser compartida y vivida en comunidad.

Las Hermandades debemos tener un compromiso con unas ideas claras y defenderlas ante una sociedad que cada vez más quiere vivirla de espaldas a Jesucristo y a la Iglesia

Hay una frase del Papa emérito Benedicto XVI que bien pudiera ser un mensaje para todos los cofrades: "El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios".