El arte del cuidado y de la compasión

Sobre este asunto reflexiona una semana más la sección de  "Educamos entre todos", centrada en el tema "Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir"

Estamos inmersos en una cultura en la que el valor de las cosas y de las personas se mide por el dinero que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. El valor de una persona puede haberse convertido en una mercancía, en nada diferente a los otros sectores comerciales. Esto debería hacer que nos echáramos a temblar.

Se hace necesario reflexionar “sobre la maternidad, la enfermedad, los lazos familiares y, especialmente, sobre las formas de relacionarse con la alteridad cuando el otro está como perdido en los inextricables laberintos del dolor y la memoria”. Pensemos  en el mundo de los ancianos, “un mundo humanísimo en el que los derechos son relativizados y sobre el que ha recaído una condena de invisibilidad”.

“Nuestras sociedades son conglomerados de hijos que no saben qué hacer con los padres, que consideran la vejez un obstáculo y un atraso, que hacen todo lo posible por ocultar la vulnerabilidad porque carecen de recursos para dialogar con ella”. Así se explica el aislamiento al que son confinados los ancianos. “En el dolor ajeno intuimos un sufrimiento que puede llegar a ser nuestro y preferimos alienarnos de cualquier manera, mediante la huida o el fingimiento”. Los modelos en boga van por otra línea, que nos hace evitar la compasión: éxito, bienestar, salud, competitividad… ¿No está todo esto lejos de la verdadera sabiduría?

Sin embargo, en este mundo, nada tiene más sentido que la compasión (Emmanuel Levinas).

“La compasión es esa particular relación humana que paradójicamente comienza ahí, cuando necesitamos que nos cuiden y somos correspondidos por una presencia amiga. El grito del que sufre nos llega con frecuencia sin palabras: el silencio indefenso lo dice todo, la vida aún más desnuda que de costumbre, la mirada herida por la adversidad. La compasión deviene escucha, sintonía, responsabilidad por la vida, elección solidaria, gestos, permanencia”.

Compasión significa sufrir con el otro, que no sufrir en el lugar del otro o proyectándose en él. Esto también hay que aprenderlo. “Compadecerse significa sufrir el sufrimiento del otro como otro… Sabemos que no podemos curar, pero que, tanto o más que la cura, lo que importa es estar presentes”.

En el Evangelio encontramos una escuela de compasión. Aprendamos en él el arte del cuidado y de la compasión.

Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)