EL ÁRBOL DE LA VIDA

Extraordinaria película e inolvidable obra del séptimo arte la que nos ofrece Terrence Malick, con el objetivo propuesto de buscar las respuestas sobre el origen y significado de la vida; y con ello la existencia del bien y del mal en la naturaleza y en las personas.

Es una obra realizada desde la humildad y para ser vista desde la humildad ¿Cómo no reaccionar así cuando oyes la respuesta de Dios, de un Dios invisible pero presente en todo el film, en off, respondiendo al improperio de la madre: “Señor, ¿dónde estabas cuando murió mi hijo?”, y Dios responde a través del libro de Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?”. Todo el guión literario pretende alumbrar este diálogo existencia entre Dios creador y sus creaturas heridas por el mal y el dolor.

Malick nos muestra a base de continuos flash-backs la historia de una familia tejana, en los años cincuenta, tradicional, unida, religiosa, en la que la figura del padre es de un autoritarismo normal en la época. Los otros dos hijos son el complemento para la historia, con la muerte del segundo, lo que provoca los diálogos con Dios. La esposa, por su parte, es ejemplar en sus funciones como madre y esposa. Al mismo tiempo, mientras que el marido representa a lo natural, la autosatisfacción y la prepotencia, la esposa simboliza a la gracia.

La película muestra el mal en toda su radicalidad, pero el camino de la gracia triunfa. La homilía del sacerdote en el funeral del vecino dice que si ponemos nuestra esperanza en nuestra capacidad de bien, o en el amor a los hijos, la vida nos decepcionará. Jack descubre en el repaso de su vida un Alguien que siempre le ha custodiado y que ahora reconoce. Se ha convertido. Podríamos afirmar que Dios es el protagonista de esta historia con una intervención discreta en todos y cada uno.

RAFAEL GALISTEO TAPIA