Domingo de Pascua de la resurrección del Señor

Reflexión para el Domingo de Resurrección por el sacerdote, Gaspar Bustos

Resurrexit, Alleluia. Después de los días tristes de la Pasión, un gran silencio se apoderó de toda Jerusalén. Los creyentes en Jesús lo acompañaban con su oración y algunos, quizá, recordando su promesa de resucitar... pero, en general, el miedo cerraba las puertas y las casas. También la vergüenza en lo más profundo del corazón de los que habían colaborado matando al inocente. Los demonios, aterrados, se sepultarían en lo más hondo de los infiernos. Los justos estarían llenos de dolor y esperanza, a la vez. La Virgen y los más cercanos esperaban, sin duda, la resurrección. Pero, ¿cuándo y cómo sería? El triunfo aparente de los infiernos, los llenaba de amargura. ¡Cristo Vive; ha Resucitado! Ha triunfado y no sólo es el Rey vencedor, sino el Señor de la vida y de la muerte. Ese silencio se romperá como un volcán de gloria en un aleluya de alabanzas eternas que no tiene fin.

Gloria a ti, Señor, de los cielos y de la tierra.

Gloria a ti, Señor, de la vida y de la muerte.

Gloria a ti, por los siglos de los siglos.